5.18.2015
Ben
El amargo helado inundó mi boca. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que comencé a revisar los exámenes? Aparentemente, el suficiente para enfriar mi café al punto de hacerlo impasable.
Retiré la taza de mi boca con un gesto de disgusto y un movimiento rápido. Gotas oscuras rebalsaron por el borde del recipiente y se deslizaron hasta su base, dejando aquella conocida huella húmeda y circular sobre el examen que esperaba su turno para ser calificado.
Solté media risa burlona al ver el nombre bajo la mancha café: Shu Yung. Pensé que era apropiado tener el examen de mi peor alumno ennegrecido y amargo, como la idea que tenía de él. Y pensé también que todo este incidente con el café era tan preciso que había sido un designio de Dios.
Dios. Sí, claro.
Dios no habría permitido que mi madre muriese sin siquiera haberme concedido un recuerdo de ella. Dios no habría dejado que crezca prácticamente abandonado por un padre que amaba más a su trabajo que a su propio hijo.
Dios no habría permitido que se llevasen a mi hija.
La huella del café comenzaba a empapar los nombres en las demás hojas.
Retiré la taza de mi boca con un gesto de disgusto y un movimiento rápido. Gotas oscuras rebalsaron por el borde del recipiente y se deslizaron hasta su base, dejando aquella conocida huella húmeda y circular sobre el examen que esperaba su turno para ser calificado.
Solté media risa burlona al ver el nombre bajo la mancha café: Shu Yung. Pensé que era apropiado tener el examen de mi peor alumno ennegrecido y amargo, como la idea que tenía de él. Y pensé también que todo este incidente con el café era tan preciso que había sido un designio de Dios.
Dios. Sí, claro.
Dios no habría permitido que mi madre muriese sin siquiera haberme concedido un recuerdo de ella. Dios no habría dejado que crezca prácticamente abandonado por un padre que amaba más a su trabajo que a su propio hijo.
Dios no habría permitido que se llevasen a mi hija.
La huella del café comenzaba a empapar los nombres en las demás hojas.
4.18.2015
Miró con indiferencia a la ciudad desierta.
No le había importado la gente cuando estaba ahí, y no le importaba ahora que se había ido. Desde lo alto, imaginaba, con un gesto cada vez más displicente, a cada persona que había conocido en el lugar en el que probablemente estarían en ese momento si es que no se hubieran ido.
La ciudad había muerto mientras él dormía. Al despertar había encontrado polvo y cadáveres regados por todos lados. Uno imaginaría que un súper héroe se habría indignado tremendamente ante tal escena, y se hubiera puesto a buscar a los responsables de tal atrocidad en el acto, pero Vaz no era ningún súper héroe; él se movía por curiosidad y por diversión, no por deber ni por justicia.
Pensó en lo irónico que era que una ciudad construida en medio del desierto haya quedado desierta. Tal vez debió quedarse así desde un principio, tal vez ese era el estado natural de las cosas. En fin.
No estaba seguro de cómo se sentía. Entre las personas que se habían ido tenía a algunos seres queridos, pero sabía que si lo que había hecho esto no lo hubiera hecho, él mismo se habría encargado de la tarea. Tal vez no habría acabado con todos, habría separado a algunos que le importaran, pero incluso estos habrían terminado yéndose por miedo. Así que llegó a la conclusión de que así era mejor; al menos toda esta gente no había muerto temiéndole a él, sino a algo más...
¿Algo más capaz de causar tanto o más miedo que él? Le intrigaba la idea. Bueno, no tenía nada más que hacer aparte de estar sentado toda la noche en el borde del techo de aquel edificio observando las luces pálidas de la ciudad, así que decidió emprender la búsqueda del monstruo,
Se tiró de espaldas y durmió sobre el cemento frío hasta el amanecer. Se levantó a primera hora, se dio unos minutos para observar la salida del sol, y se elevó en el aire, comenzando a sobrevolar la ciudad en busca de pistas acerca de lo que había sucedido allí.
2.14.2015
Now I've told you, okay? Now you know
El caminante ya no sabe por qué camina.
camina
camina
caminante
No te van a alcanzar, no los vas a alcanzar. Camina porque no puedes hacer nada más. Camina porque no quieres hacer nada más. Porque te sientes más vivo en las calles, bajo la noche, con el camino iluminado por tungsteno.
Mira hacia arriba, hacia las hojas que enmarcan el cielo. Mira hacia los lados, hacia las casas que se preguntan qué haces ahí. Incluso mira hacia atrás, aunque todos te digan que no, aunque te conviertas en sal, aunque te cause pavor. Mira hacia atrás porque ahí siempre hay otro camino.
Y te das cuenta de que el dolor en tus pies vale la pena, de que tu cabeza es ligera. De que has caminado toda tu vida esperando un encuentro trascendental, y de que finalmente lo has tenido.
No entiendes cómo llegaste aquí, pero, por primera vez, no quieres seguir caminando. Te quieres quedar ahí mismo, perdido en su rostro y sin saber qué hacer. Ya no quieres caminar con los pies, sino que lo haces con los ojos por sobre sus mejillas, con tus dedos por sobre sus manos.
camina
camina
caminante
No te van a alcanzar, no los vas a alcanzar. Camina porque no puedes hacer nada más. Camina porque no quieres hacer nada más. Porque te sientes más vivo en las calles, bajo la noche, con el camino iluminado por tungsteno.
Mira hacia arriba, hacia las hojas que enmarcan el cielo. Mira hacia los lados, hacia las casas que se preguntan qué haces ahí. Incluso mira hacia atrás, aunque todos te digan que no, aunque te conviertas en sal, aunque te cause pavor. Mira hacia atrás porque ahí siempre hay otro camino.
Y te das cuenta de que el dolor en tus pies vale la pena, de que tu cabeza es ligera. De que has caminado toda tu vida esperando un encuentro trascendental, y de que finalmente lo has tenido.
No entiendes cómo llegaste aquí, pero, por primera vez, no quieres seguir caminando. Te quieres quedar ahí mismo, perdido en su rostro y sin saber qué hacer. Ya no quieres caminar con los pies, sino que lo haces con los ojos por sobre sus mejillas, con tus dedos por sobre sus manos.
1.24.2015
I'm gonna tell you why it hurts.
It hurts because you're fucking alive; because, despite everything you've been through, you're capable of loving and caring for someone; because, through it all, you're not emotionally fucked up.
Truth be told, you didn't make it out of all of it without any scars, but you're here. You've been to hell and back, and still, you're here. You know you can make it again, and as many times as you need to.
You're one of the few people who realize the iron in their blood was forged in the heat of a star. You still believe in true love, and they can call you "cheesy" or "hopeless romantic" if they fucking want, but you know what you stand for. 'Cause if we stand for nothing, we'll fall for anything.
You've got so much more to live for, you know you do when you wake up in the morning being actually excited about your day, about what you're gonna make out of it. And you can't let this bring you down.
A thousand worlds burn in your mind, and I know how that makes you feel: infinite.
And I also know that this won't make the pain go away, you have to endure it after all. It will remain to hurt for a while, but you'll make it out alive. You always do.
Breathe. Remember, it's just chemicals.
It hurts because you're fucking alive; because, despite everything you've been through, you're capable of loving and caring for someone; because, through it all, you're not emotionally fucked up.
Truth be told, you didn't make it out of all of it without any scars, but you're here. You've been to hell and back, and still, you're here. You know you can make it again, and as many times as you need to.
You're one of the few people who realize the iron in their blood was forged in the heat of a star. You still believe in true love, and they can call you "cheesy" or "hopeless romantic" if they fucking want, but you know what you stand for. 'Cause if we stand for nothing, we'll fall for anything.
You've got so much more to live for, you know you do when you wake up in the morning being actually excited about your day, about what you're gonna make out of it. And you can't let this bring you down.
A thousand worlds burn in your mind, and I know how that makes you feel: infinite.
And I also know that this won't make the pain go away, you have to endure it after all. It will remain to hurt for a while, but you'll make it out alive. You always do.
Breathe. Remember, it's just chemicals.
11.03.2014
11.02.2014
And every story I have told is part of me
A veces deseaba realmente que los domingos duraran para siempre. No porque odiara los lunes, que no tenía clase; no porque quisiera salir, que eso se hace los viernes y sábados. Simplemente me gustaban los domingos en sí.
Nunca tomaba clases los lunes para intentar tener dos domingos, pero no tenía caso. Había mucha gente, mucho ruido, y hasta el sol se sentía diferente.
Ella compartía mi miedo al fin de los domingos y, desde que nos conocimos, este miedo se intensificó en ambos, como si se hubiera sumado en el momento en el que nos besamos.
El atardecer era el momento que de más angustia nos llenaba, y, al mismo tiempo, el que hacía que amáramos los domingos. Abrazados con fuerza e inmóviles, veíamos desaparecer las calles doradas. Solo nos volvíamos a mover cuando no quedaba ni un rayo de sol, y lo primero que hacíamos era mirar el desconsuelo en los ojos del otro.
Nos acurrucábamos en la cama, en medio de la oscuridad, y solo hablábamos en susurros hasta el día siguiente.
-Tengo miedo -no estaba seguro si lo acababa de decir con la boca o con los ojos.
-Yo también, pero va a pasar. Siempre pasa.
-Y regresa.
No sabía qué responder. Acepto que lo que sentíamos era irracional, pero ¿no es justamente lo irracional lo más intenso?
Cuando despertamos, era domingo otra vez. Todos los calendarios, relojes, celulares, computadoras y cualquier otra cosa que te diga la fecha nos lo indicaba. Pero lo que nos convenció fue la gente: mis padres se habían levantado tarde y preparaban el desayuno con total tranquilidad; ella llamó a los suyos y prácticamente los despertó; las calles estaban vacías y no había ruido. Era domingo.
Cuando finalmente nos convencimos de que no habían instaurado un nuevo feriado, nos sonreímos con incredulidad. Salimos a caminar y fuimos a nuestro café habitual. Después de unos cuantos sorbos, nos dimos cuenta de que no lo estábamos disfrutando tanto, así como la caminata, que se sintió sosa a comparación de otros domingos.
-Creo -comencé- que acabamos de descubrir lo que hace que un domingo sea un domingo.
-Que suceda solo una vez a la semana.
-Y que se haga esperar.
-Y que lo perdamos al final del día.
-Aún nos falta la prueba de fuego. Tenemos que ver nuestro atardecer.
Y así, esperamos hasta ver nuestras calles doradas. Intensas, intensas, y luego apagadas, muertas. La verdad es que se veían idénticas a las de otros domingos, pero no nos hacían sentir nada.
Regresamos a la cama, nos miramos, y nos comenzamos a reír.
El día siguiente fue el lunes que más amamos de nuestras vidas.
Y así fue como le perdimos el miedo al fin de los domingos, y pudimos disfrutarlos aún más que antes, porque ya no nos angustiábamos. Si bien se acababa, sabíamos que venía otro dentro de siete días.
Nunca tomaba clases los lunes para intentar tener dos domingos, pero no tenía caso. Había mucha gente, mucho ruido, y hasta el sol se sentía diferente.
Ella compartía mi miedo al fin de los domingos y, desde que nos conocimos, este miedo se intensificó en ambos, como si se hubiera sumado en el momento en el que nos besamos.
El atardecer era el momento que de más angustia nos llenaba, y, al mismo tiempo, el que hacía que amáramos los domingos. Abrazados con fuerza e inmóviles, veíamos desaparecer las calles doradas. Solo nos volvíamos a mover cuando no quedaba ni un rayo de sol, y lo primero que hacíamos era mirar el desconsuelo en los ojos del otro.
Nos acurrucábamos en la cama, en medio de la oscuridad, y solo hablábamos en susurros hasta el día siguiente.
-Tengo miedo -no estaba seguro si lo acababa de decir con la boca o con los ojos.
-Yo también, pero va a pasar. Siempre pasa.
-Y regresa.
No sabía qué responder. Acepto que lo que sentíamos era irracional, pero ¿no es justamente lo irracional lo más intenso?
Cuando despertamos, era domingo otra vez. Todos los calendarios, relojes, celulares, computadoras y cualquier otra cosa que te diga la fecha nos lo indicaba. Pero lo que nos convenció fue la gente: mis padres se habían levantado tarde y preparaban el desayuno con total tranquilidad; ella llamó a los suyos y prácticamente los despertó; las calles estaban vacías y no había ruido. Era domingo.
Cuando finalmente nos convencimos de que no habían instaurado un nuevo feriado, nos sonreímos con incredulidad. Salimos a caminar y fuimos a nuestro café habitual. Después de unos cuantos sorbos, nos dimos cuenta de que no lo estábamos disfrutando tanto, así como la caminata, que se sintió sosa a comparación de otros domingos.
-Creo -comencé- que acabamos de descubrir lo que hace que un domingo sea un domingo.
-Que suceda solo una vez a la semana.
-Y que se haga esperar.
-Y que lo perdamos al final del día.
-Aún nos falta la prueba de fuego. Tenemos que ver nuestro atardecer.
Y así, esperamos hasta ver nuestras calles doradas. Intensas, intensas, y luego apagadas, muertas. La verdad es que se veían idénticas a las de otros domingos, pero no nos hacían sentir nada.
Regresamos a la cama, nos miramos, y nos comenzamos a reír.
El día siguiente fue el lunes que más amamos de nuestras vidas.
Y así fue como le perdimos el miedo al fin de los domingos, y pudimos disfrutarlos aún más que antes, porque ya no nos angustiábamos. Si bien se acababa, sabíamos que venía otro dentro de siete días.
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