La hoguera ardía como si intentara lamer el cielo nocturno hasta incendiarlo. Alrededor de ella se encontraban reunidos los altos mandos del ejército orco, así como los líderes más influyentes de su sociedad. Naguk, el jefe orco, dirigía la reunión.
-Por generaciones, los humanos nos han tratado como monstruos, nos han cazado, nos han quemado, han construido muros alrededor de sus ciudades para mantenernos alejados... por ser diferentes. Es cierto, nosotros también los hemos atacado, pero ¿qué se supone que hagamos si atacan nuestras aldeas, matan a nuestras mujeres y niños, exterminan nuestro ganado, destruyen nuestros cultivos y lo llaman una "limpieza del territorio"? ¡¿Qué?! Pero... su tecnología siempre ha sido superior a la nuestra, y el hacer uso de la magia les da una ventaja injusta sobre nosotros.
Una figura menuda y encapuchada de negro se coloca al costado de Naguk.
-Pero eso cambia hoy -el jefe orco le da el pase al misterioso personaje.
Al remover la capucha, se revela un rostro humano de facciones suaves, piel sonrosada, ojos delicados color gris, cabello plateado, ondeado, hasta las orejas y sobre la frente. No parecía mayor que un adolescente.
-¡Es un humano! -grita un general orco.
-No te confundas -la voz del... "joven" es dulce y calmada, pero aún así llega a los oídos de todos los presentes-. Lo que sea o no, no importa. Importa lo que tengo que ofrecerles.
Tiene la atención de todos. La hoguera parece brillar con más intensidad.
-Harlogoth, el dios de la venganza, me ha enviado para permitirles conseguir la justicia que merecen. Su poder reducirá a polvo las ciudades humanas y dejará solo charcos de sangre en el lugar de cada soldado. Ni los magos son rivales dignos para Harlogoth.
-Creo que hablo por todo mi pueblo -interviene Naguk- cuando digo que estoy de acuerdo en instaurar el culto a Harlogoth en nuestra sociedad, y jurarle nuestra fidelidad hasta el último de nuestros días por el bien que nos ofrece.
El extraño tuerce los labios en una sonrisa tierna y maliciosa al mismo tiempo.
-Harlogoth está complacido por esta decisión. Pero antes de que él se muestre ante ustedes y cobre su venganza, necesita un ritual de invocación. En este ritual debe ser sacrificado un humano cuya vida valga mil vidas iguales.
Se escucha un movimiento brusco en las líneas traseras de los asistentes.
-Creo que tienen un par de espías.
-¡Envíen un equipo de reconocimiento a acabar con los espías! -vocifera Naguk- General, de la orden de marchar al ejército tan pronto como sea posible. Saldremos esta misma noche, no podemos arriesgarnos a perder el factor sorpresa.
-Como ordene.
Dos orcos con capas negras encima cabalgan a toda velocidad hacia el Reino de Vealid. Un virote de ballesta alcanza a uno de ellos en el cuello y lo derriba. El otro es alcanzado por otro proyectil que da en el lado del torso, pero no lo derriba. Aunque con dificultad, es capaz de seguir su rumbo.
-¡Un orco! -anuncia uno de los centinelas del muro de la ciudad mientras apunta su ballesta hacia él.
-¡Espera! Lo están persiguiendo, es uno de nuestros espías. ¡Defiéndanlo!
Los tiradores del muro desatan una lluvia de virotes sobre los perseguidores del espía, el cual logra llegar a la puerta de la muralla vivo.
-¡Médicos!
La puerta se abre y dos centinelas sujetan al espía antes de que se desplome. La poción de transformación comienza a perder el efecto y la apariencia humana regresa a él al mismo tiempo que la sangre fluye de su boca.
-La princesa... protejan... una vida... vale mil...
Los médicos no pueden hacer nada, pero el valiente espía ha logrado su misión y ha muerto con honor. Su despedida final será pública, pero tendrá que esperar.
-¡Llamen al comandante de la guardia real! ¡La princesa corre peligro!
5.28.2013
5.20.2013
Los Cuentos Del Bardo: Prólogo
La mula iba lenta pero segura por el camino; sobre ella, el bardo tocaba una alegre canción en su laúd mientras tarareaba una melodía con su voz dulce. Tal vez por ensimismarse demasiado e ir con los ojos cerrados no se dio cuenta de que el crepúsculo ya caía sobre él y que pronto necesitaría un lugar en el que descansar.
Afortunadamente, solo unos minutos luego de haberse cernido la oscuridad completamente en el cielo, llegó a las afueras de su pueblo destino: Carel.
-¡Mamá! ¡Mamá! ¡Está aquí!
Los tres pequeños habían estado atentos a la ventana desde hace una hora, esperando este momento.
-¡Vamos! ¡Llámalo antes de que se pase de largo!
-Ya salgo, niños, ya salgo.
La mujer salió apresurada de la cabaña, aún con el delantal puesto, y se acercó al camino para interceptar al bardo.
-Saludos, buen hombre. Tengo entendido que usted es un bardo, hemos oído de vuestra llegada desde hace dos semanas y os esperábamos con ansias. Verá, desde que le conté a mis niños sobre usted y vuestras épicas historias, no han dejado de pedirme que os invite a nuestro hogar. Entiendo que es usted un hombre con compromisos, pero, si os parece bien, os puedo ofrecer un plato de comida caliente y una cama donde pasar la noche si es que comparte algunas de vuestras historias con mis pequeños.
El bardo sonríe ampliamente y con su voz amable responde.
-El saber que vuestros pequeños están tan ansiosos por escuchar mis historias me halaga mucho. Con gusto aceptaré vuestra oferta, siempre y cuando no os olvidéis de mi mula.
-¡Por supuesto que no! Ella también tendrá comida y dónde dormir.
El bardo dejó a la mula amarrada afuera frente a un gran contenedor de alfalfa y siguió a la madre adentro de la cabaña. Al verlo, los dos niños y la niña corrieron hacia él con emoción.
-¡El bardo!
-¡Es él, es él!
-¡Oiremos sus historias!
La madre sonrió mientras ponía en orden el equipaje del viajero.
-Estaré preparando la cena, os avisaré cuando esté lista.
El bardo asintió con una sonrisa y se sentó en la silla frente a la fogata.
-Vuestra madre me ha contado que deseáis oír mis historias...
-¡Sí! -respondieron al unísono.
-Muy bien, muy bien. La verdad es que me hace bastante feliz tener una audiencia tan joven -se inclinó hacia un lado de la silla para coger su laúd-, estas historias os enseñarán lecciones que espero os sirvan durante el resto de vuestras vidas. Es por eso que, mientras más jóvenes, más provecho podéis sacar de ellas.
Arrastró sus dedos por las cuerdas del instrumento un par de veces y luego hizo un punteo suave.
-Esta historia sucedió hace muchos años y se llama "La Promesa Del Mago".
Afortunadamente, solo unos minutos luego de haberse cernido la oscuridad completamente en el cielo, llegó a las afueras de su pueblo destino: Carel.
-¡Mamá! ¡Mamá! ¡Está aquí!
Los tres pequeños habían estado atentos a la ventana desde hace una hora, esperando este momento.
-¡Vamos! ¡Llámalo antes de que se pase de largo!
-Ya salgo, niños, ya salgo.
La mujer salió apresurada de la cabaña, aún con el delantal puesto, y se acercó al camino para interceptar al bardo.
-Saludos, buen hombre. Tengo entendido que usted es un bardo, hemos oído de vuestra llegada desde hace dos semanas y os esperábamos con ansias. Verá, desde que le conté a mis niños sobre usted y vuestras épicas historias, no han dejado de pedirme que os invite a nuestro hogar. Entiendo que es usted un hombre con compromisos, pero, si os parece bien, os puedo ofrecer un plato de comida caliente y una cama donde pasar la noche si es que comparte algunas de vuestras historias con mis pequeños.
El bardo sonríe ampliamente y con su voz amable responde.
-El saber que vuestros pequeños están tan ansiosos por escuchar mis historias me halaga mucho. Con gusto aceptaré vuestra oferta, siempre y cuando no os olvidéis de mi mula.
-¡Por supuesto que no! Ella también tendrá comida y dónde dormir.
El bardo dejó a la mula amarrada afuera frente a un gran contenedor de alfalfa y siguió a la madre adentro de la cabaña. Al verlo, los dos niños y la niña corrieron hacia él con emoción.
-¡El bardo!
-¡Es él, es él!
-¡Oiremos sus historias!
La madre sonrió mientras ponía en orden el equipaje del viajero.
-Estaré preparando la cena, os avisaré cuando esté lista.
El bardo asintió con una sonrisa y se sentó en la silla frente a la fogata.
-Vuestra madre me ha contado que deseáis oír mis historias...
-¡Sí! -respondieron al unísono.
-Muy bien, muy bien. La verdad es que me hace bastante feliz tener una audiencia tan joven -se inclinó hacia un lado de la silla para coger su laúd-, estas historias os enseñarán lecciones que espero os sirvan durante el resto de vuestras vidas. Es por eso que, mientras más jóvenes, más provecho podéis sacar de ellas.
Arrastró sus dedos por las cuerdas del instrumento un par de veces y luego hizo un punteo suave.
-Esta historia sucedió hace muchos años y se llama "La Promesa Del Mago".
Trata de:
Cuentos del Bardo
5.04.2013
40 years
-Muy buenas noches, damas y caballeros. En esta edición del programa tenemos con nosotros a un invitado muy especial. Él es un director de cine del cual probablemente todos ustedes han oído. A sus 60 años, su carrera es espectacular. Por favor recibamos con un fuerte aplauso a Piero Gotelli.
El público aplaude con fervor y un hombre viejo, bien vestido entra al set con un caminar firme y con párpados pesados.
-Buenas noches, Letterman, gracias por invitarme a tu programa.
-Gracias a ti por venir, Piero. Me imagino que te ha sido difícil conseguir este tiempo para nosotros entre todos tus proyectos.
-Un poco, pero no tanto. Después de todo, es lo único a lo que me dedico.
-Sí, sabemos eso... Y creo que tiene que ver con uno de los temas que me gustaría tocar hoy. Uno de los grandes misterios que rodea a tu persona son tus acompañantes. En cada evento se te ve con una bella jovencita, una diferente cada vez.
-Todas ellas son grandes amigas mías, bellas damas a las que considero como hermanas... o como hijas, viendo mi edad.
Letterman y el público ríen, pero él a penas esboza una sonrisa.
-Ah, ya veo. ¿Entonces te encuentras solo? ¿sin compromiso alguno?
-Solo sí, Letterman. Pero tengo un compromiso.
-¡Ajá! ¿Podrías contarnos quién es la afortunada?
El público se pone a la expectativa de la revelación.
-No creo que sea lo que piensas.
-¿Cómo? Pensé que ya habías encontrado a la mujer de tu vida.
-Así es, la encontré hace mucho tiempo. Solo estoy esperando por ella.
La siempre alegre expresión de Letterman se torna un tanto confundida. El director prosigue.
-Todos ustedes me ven y piensan que mi vida es increíble. Logré la fama y la fortuna haciendo lo que me apasiona, nunca caí en ningún vicio, mi salud es buena y estoy rodeado siempre de buenos amigos. Pero, déjenme decirles una cosa, si es que ustedes han encontrado a la persona con la quieren compartir el resto de su vida y están juntos, sus vidas son infinitamente mejores que la mía.
El público queda en silencio. Letterman pierde completamente la expresión alegre y se pone serio.
-¿Cuánto tiempo ha pasado?
-Cuarenta años. Cuarenta años desde que terminamos. Cuarenta años desde que le prometí que, si algún día, cual sea, cambiaba de opinión, me lo diga, y yo la buscaría. Cuarenta años que espero.
-¿Cómo sabes que ese día llegará?
-No lo sé. Pero tengo que estar listo por si llega, por si algún día lo decide. Por eso tengo que esperar.
Letterman se queda sin palabras. El público llora.
El público aplaude con fervor y un hombre viejo, bien vestido entra al set con un caminar firme y con párpados pesados.
-Buenas noches, Letterman, gracias por invitarme a tu programa.
-Gracias a ti por venir, Piero. Me imagino que te ha sido difícil conseguir este tiempo para nosotros entre todos tus proyectos.
-Un poco, pero no tanto. Después de todo, es lo único a lo que me dedico.
-Sí, sabemos eso... Y creo que tiene que ver con uno de los temas que me gustaría tocar hoy. Uno de los grandes misterios que rodea a tu persona son tus acompañantes. En cada evento se te ve con una bella jovencita, una diferente cada vez.
-Todas ellas son grandes amigas mías, bellas damas a las que considero como hermanas... o como hijas, viendo mi edad.
Letterman y el público ríen, pero él a penas esboza una sonrisa.
-Ah, ya veo. ¿Entonces te encuentras solo? ¿sin compromiso alguno?
-Solo sí, Letterman. Pero tengo un compromiso.
-¡Ajá! ¿Podrías contarnos quién es la afortunada?
El público se pone a la expectativa de la revelación.
-No creo que sea lo que piensas.
-¿Cómo? Pensé que ya habías encontrado a la mujer de tu vida.
-Así es, la encontré hace mucho tiempo. Solo estoy esperando por ella.
La siempre alegre expresión de Letterman se torna un tanto confundida. El director prosigue.
-Todos ustedes me ven y piensan que mi vida es increíble. Logré la fama y la fortuna haciendo lo que me apasiona, nunca caí en ningún vicio, mi salud es buena y estoy rodeado siempre de buenos amigos. Pero, déjenme decirles una cosa, si es que ustedes han encontrado a la persona con la quieren compartir el resto de su vida y están juntos, sus vidas son infinitamente mejores que la mía.
El público queda en silencio. Letterman pierde completamente la expresión alegre y se pone serio.
-¿Cuánto tiempo ha pasado?
-Cuarenta años. Cuarenta años desde que terminamos. Cuarenta años desde que le prometí que, si algún día, cual sea, cambiaba de opinión, me lo diga, y yo la buscaría. Cuarenta años que espero.
-¿Cómo sabes que ese día llegará?
-No lo sé. Pero tengo que estar listo por si llega, por si algún día lo decide. Por eso tengo que esperar.
Letterman se queda sin palabras. El público llora.
8.19.2012
La Fiesta
Le decían Lled. Le habían preguntado por qué quería ese apodo tan raro, y él solo se reía y les decía que sus apodos eran igual de raros: Nar y Twem.
Nar era bajita, rubia y esbelta. Esa noche llevaba un vestido salmón holgado que le llegaba a las rodillas. Solía hacer énfasis en sus ojos grises con el maquillaje y dejaba el resto de su cara casi al natural, de manera que parecía que sus otros rasgos faciales desaparecían. Twem era un castaño cuyos rulos le llegaban abajo de las mejías. Iba vestido con polo, pantalón y zapatillas negros, aunque el diseño de su polo, unas rayitas caóticas, y los detalles de sus zapatillas eran blancos.
Estaban parados en formación de triángulo mirando hacia adentro, pero sus ojos pasaban por sobre los hombros de sus compañeros para hacer el chequeo de los asistentes.
-Gustavo. Recordemos saludarlo luego -la fiesta era por su cumpleaños.
-Lisa y Mario. Prepararemos algo para ellos más tarde...
Lled había tenido interés en Lisa anteriormente, pero ella terminó prefiriendo a Mario. Decía que ya no le afectaba y que la parejita le resultaba insoportable. "De la que me salvaste, Mario".
-Sara y una chica desconocida. Investigaremos en breve.
-Ana Lucía, Rita, Marcela, Guillermo, Lucas y David. Las tres perras y sus tres gorillas, ¡¿hemos venido al zoológico o a una fiesta?!
-Zeta. Solo como siempre, mirando y riendo -era raro, pero les caía bien.
-Tiene algo diferente esta noche...
-Su sonrisa..., no, no es la de siempre. Tiene algo en mente.
-Eh, Zeta -Nar alzó la voz por sobre las cabezas en la oscuridad. El delgado joven se vestía con ropa común: zapatillas anchas, pantalón jean y una camisa roja de franela a cuadros, pero... siempre había un imperceptible detalle que lo hacía ver menos común, menos corriente. Tal vez no tenía que ver con su ropa, sino con su mirada, con su piel, con su aroma.
-Hola.
-¿Tienes idea de quién es la amiga de Sara?
-Oh, es Kattya. Cae bien.
-Y por eso estás tan sonriente...
-Sí, claro... ¿Saben de esos rituales raros que se encuentran en internet? Quiero probar uno, se necesita estar en una fiesta, lo encontré hace semanas, no podía hacerlo, no sé cómo, si no es hoy, ¿cuándo? ¿Qué les parece?
-Tranquilízate, hombre -Twem lo agarró de los hombros-. ¿Dices uno como The Midnight Game?
-Así es.
-De los que nunca funcionan.
-¿Quién sabe? Igual son divertidos de hacer, y como no va a pasar nada... no perdemos nada. Vale la pena probarlo, porque ¿y si funciona?
-¿De qué trata? -Lled se muestra interesado- ¿De verdad pide estar en una fiesta?
-Bueno, no, pero pide estar en un lugar con mucha gente. Lo intentaría en uno de mis salones, pero el profesor me sacaría a patadas por todo el escándalo. En cambio aquí...
-Claro, la bulla y nadie te va a prestar atención. Creo que suena divertido.
-Se llama Rasga el Velo.
Nar era bajita, rubia y esbelta. Esa noche llevaba un vestido salmón holgado que le llegaba a las rodillas. Solía hacer énfasis en sus ojos grises con el maquillaje y dejaba el resto de su cara casi al natural, de manera que parecía que sus otros rasgos faciales desaparecían. Twem era un castaño cuyos rulos le llegaban abajo de las mejías. Iba vestido con polo, pantalón y zapatillas negros, aunque el diseño de su polo, unas rayitas caóticas, y los detalles de sus zapatillas eran blancos.
Estaban parados en formación de triángulo mirando hacia adentro, pero sus ojos pasaban por sobre los hombros de sus compañeros para hacer el chequeo de los asistentes.
-Gustavo. Recordemos saludarlo luego -la fiesta era por su cumpleaños.
-Lisa y Mario. Prepararemos algo para ellos más tarde...
Lled había tenido interés en Lisa anteriormente, pero ella terminó prefiriendo a Mario. Decía que ya no le afectaba y que la parejita le resultaba insoportable. "De la que me salvaste, Mario".
-Sara y una chica desconocida. Investigaremos en breve.
-Ana Lucía, Rita, Marcela, Guillermo, Lucas y David. Las tres perras y sus tres gorillas, ¡¿hemos venido al zoológico o a una fiesta?!
-Zeta. Solo como siempre, mirando y riendo -era raro, pero les caía bien.
-Tiene algo diferente esta noche...
-Su sonrisa..., no, no es la de siempre. Tiene algo en mente.
-Eh, Zeta -Nar alzó la voz por sobre las cabezas en la oscuridad. El delgado joven se vestía con ropa común: zapatillas anchas, pantalón jean y una camisa roja de franela a cuadros, pero... siempre había un imperceptible detalle que lo hacía ver menos común, menos corriente. Tal vez no tenía que ver con su ropa, sino con su mirada, con su piel, con su aroma.
-Hola.
-¿Tienes idea de quién es la amiga de Sara?
-Oh, es Kattya. Cae bien.
-Y por eso estás tan sonriente...
-Sí, claro... ¿Saben de esos rituales raros que se encuentran en internet? Quiero probar uno, se necesita estar en una fiesta, lo encontré hace semanas, no podía hacerlo, no sé cómo, si no es hoy, ¿cuándo? ¿Qué les parece?
-Tranquilízate, hombre -Twem lo agarró de los hombros-. ¿Dices uno como The Midnight Game?
-Así es.
-De los que nunca funcionan.
-¿Quién sabe? Igual son divertidos de hacer, y como no va a pasar nada... no perdemos nada. Vale la pena probarlo, porque ¿y si funciona?
-¿De qué trata? -Lled se muestra interesado- ¿De verdad pide estar en una fiesta?
-Bueno, no, pero pide estar en un lugar con mucha gente. Lo intentaría en uno de mis salones, pero el profesor me sacaría a patadas por todo el escándalo. En cambio aquí...
-Claro, la bulla y nadie te va a prestar atención. Creo que suena divertido.
-Se llama Rasga el Velo.
Trata de:
Rasga el Velo
8.07.2012
Retribution
Vaz salió de su pequeña, solitaria calle para enfrentarse a la avenida que la intersecaba. Cuatro ruidosos hombres de entre veintidós y veintiséis años caminaban riendo y vociferando amenazas a cada peatón con el que se cruzaban. Vestían imitaciones baratas y gastadas de ropa de marcas caras y tenían un aspecto que resultaba repulsivo por instinto. Sus burlonas expresiones faciales eran de esas que te gustaría borrar de un puñete.
Caminaron en dirección a Vaz, pero sin cortarle el paso. Uno de ellos metió la mano en su casaca crema y amenazó con dispararle si no le daba su celular y su dinero. Los otros tres tenían una amplia mueca en la cara, bastante parecida a una sonrisa, y uno de ellos le puso la mano en el hombro, no para detenerlo, ni siquiera puso fuerza, solo le puso la mugrienta mano ahí. Vaz sacudió el hombro para deshacerse de él y siguió caminando, ignorando al tipo que lo había amenazado. Los sujetos también siguieron caminando, soltando carcajadas.
Probablemente sí tenían armas, no solo el que lo amenazó, sino todos ellos. Pero no habían salido a 'trabajar', sino a aterrorizar, a joder, a marcar su territorio, a divertirse. Sentían que la zona les pertenecía, que tenían el poder y solo estaban demostrando que así era, pues nadie los había detenido; incluso algún que otro transeúnte tembloroso se había vaciado los bolsillos a penas había oído la amenaza, y ellos solo habían estallado en risas.
Vaz entrecerró los ojos y se detuvo. "No pueden pavonearse de esa forma por las calles ¿Quiénes se creen que son?" dio media vuelta "Saben que no pueden asaltar a esta hora, cuando los policías están en las calles, pero planean hacerlo más tarde. Diría que su historial no debe de limitarse solo a robo a mano armada. Por su comportamiento, me imagino que han repartido golpes a montones, que han forzado a cuanta mujer han querido, me atrevería hasta a decir que le han metido un par de balas en la cabeza a quien haya amenazado con causarles muchos problemas" mantuvo el cuerpo quieto como una roca y la mirada fija en el hombre que lo había amenazado. "Mierda como esa no merece vivir" el aire a su alrededor pareció vibrar por una fracción de segundo.
El hombre de la casaca crema se detuvo de repente, apoyó una mano en la rodilla y se llevó la otra al pecho mientras sus ojos se desorbitaban, sus dientes chirriaban y un gemido ahogado salía de su garganta. A sus compañeros se les borró la sonrisa cuando se volvieron hacia él y lo vieron tirado en la vereda. Se arrodillaron a su lado y lo sacudieron y le gritaron, pero el hombre ya no tenía pulso, solo una deforme mueca de dolor inmortalizada en el rostro. Entonces, uno de los hombres levantó la mirada lentamente y se quedó helado de horror, los otros dos le siguieron. Vieron la media sonrisa sombría del joven que se había quedado mirándolos.
Caminaron en dirección a Vaz, pero sin cortarle el paso. Uno de ellos metió la mano en su casaca crema y amenazó con dispararle si no le daba su celular y su dinero. Los otros tres tenían una amplia mueca en la cara, bastante parecida a una sonrisa, y uno de ellos le puso la mano en el hombro, no para detenerlo, ni siquiera puso fuerza, solo le puso la mugrienta mano ahí. Vaz sacudió el hombro para deshacerse de él y siguió caminando, ignorando al tipo que lo había amenazado. Los sujetos también siguieron caminando, soltando carcajadas.
Probablemente sí tenían armas, no solo el que lo amenazó, sino todos ellos. Pero no habían salido a 'trabajar', sino a aterrorizar, a joder, a marcar su territorio, a divertirse. Sentían que la zona les pertenecía, que tenían el poder y solo estaban demostrando que así era, pues nadie los había detenido; incluso algún que otro transeúnte tembloroso se había vaciado los bolsillos a penas había oído la amenaza, y ellos solo habían estallado en risas.
Vaz entrecerró los ojos y se detuvo. "No pueden pavonearse de esa forma por las calles ¿Quiénes se creen que son?" dio media vuelta "Saben que no pueden asaltar a esta hora, cuando los policías están en las calles, pero planean hacerlo más tarde. Diría que su historial no debe de limitarse solo a robo a mano armada. Por su comportamiento, me imagino que han repartido golpes a montones, que han forzado a cuanta mujer han querido, me atrevería hasta a decir que le han metido un par de balas en la cabeza a quien haya amenazado con causarles muchos problemas" mantuvo el cuerpo quieto como una roca y la mirada fija en el hombre que lo había amenazado. "Mierda como esa no merece vivir" el aire a su alrededor pareció vibrar por una fracción de segundo.
El hombre de la casaca crema se detuvo de repente, apoyó una mano en la rodilla y se llevó la otra al pecho mientras sus ojos se desorbitaban, sus dientes chirriaban y un gemido ahogado salía de su garganta. A sus compañeros se les borró la sonrisa cuando se volvieron hacia él y lo vieron tirado en la vereda. Se arrodillaron a su lado y lo sacudieron y le gritaron, pero el hombre ya no tenía pulso, solo una deforme mueca de dolor inmortalizada en el rostro. Entonces, uno de los hombres levantó la mirada lentamente y se quedó helado de horror, los otros dos le siguieron. Vieron la media sonrisa sombría del joven que se había quedado mirándolos.
Trata de:
Tu carne es mi carne
12.28.2011
Fun size.
Dejó caer tres chocolates con caramelo del pequeño empaque y se los metió a la boca.
-Creo que te odio.
Jugó con el empaque entre sus manos.
-No, la verdad, no.
Jugó un poco más. Comenzó a tener esa sensación húmeda en los ojos.
-¿Por qué?
Sostuvo la notita escrita con plumón frente a él y aquella sensación se hizo más fuerte.
-¿Por qué? ¿Por qué tendría yo rencor?
Dejó la nota a un lado y se metió tres chocolates más a la boca.
-Si yo fui el que falló.
El caramelo que cubría los chocolates se deshizo con un sonido crujiente entre sus dientes.
Trata de:
no entiendes
10.23.2011
Más de Vaz
"Cree que es una especie de antihéroe en la película de su propia vida."
Ximena se despidió de él, se puso el abrigo y salió por la puerta hacia las calles oscuras, donde la esperaba un taxi.
"No lo soporto."
Vaz usaba cuero negro y algodón blanco, muñequeras de púas y de hacer ejercicios, ropa de marca e independiente.
-"Soy Vaz y me visto como mierda me dé la gana" ese idiota...
-¿Por qué tanto desprecio? -Nadia acompañaba a Ximena en el taxi- Si hasta parece que te cae muy bien.
-A ti también, ¿no? Es que le sale muy bien su papel.
-Piensas mucho en él...
-No me gusta... Pareciera que de verdad supiera algo que los demás no.
-Déjalo que crea lo que quiera, si así es feliz... Y deja de darle tantas vueltas en tu cabeza.
-No tengo nada mejor que hacer. Es un sujeto bastante interesante, vale la pena observarlo.
-Vas a estudiar psicología, ¿no?
-Sí, ya te lo he dicho algunas veces.
-Haz un diagnóstico.
-Todos estamos locos.
Vaz caminaba confiado hacia su casa, a pesar de los peligros de la madrugada. Qué se podía decir, le gustaba demasiado la brisa nocturna como para considerar otros factores.
-No te muevas -le dijo un hombre con un arma de fuego mientras otros dos se disponían a revisarlo.
Aunque, la verdad...
-¿Por qué siempre algún idiota quiere malograr mis caminatas de noche? -empujó a los tres con el pensamiento.
Su seguridad la tenía bien planeada.
Extendió un brazo hacia la pistola y la hizo salir volando de la temblorosa mano del ladrón.
-Disculpa... -dijo el que más pudo esforzarse para hablar en medio de su confusión-, nos equivocamos de persona.
-Yo siempre soy la persona equivocada.
Los tres hombres se alejaron corriendo.
-Pero para todo...
Trata de:
Tu carne es mi carne
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