3.01.2011

Epílogo

"Antes de partir, tuve una conversación con Clay. Casi llorando, me contó que, en el tiempo que estuvieron refugiados en la iglesia, había una mujer embarazada. No tenía ni un rasguño de los monstruos; sin embargo..., el niño nació como uno de ellos. No pude llorar solamente porque el terror me paralizó hasta el último cabello. El terror, la desesperación, la tristeza. Sentí que moría. Iba a decirle, pero continuó antes de que pudiera hablar. Dijo que no sabía qué iba a hacer la raza humana si esto ocurría siempre, pero que si nosotros estábamos vivos era por algo. No importa si parece que no hay esperanza, hay un motivo por el que cada uno de nosotros está vivo..."

En efecto, hasta la fecha, todos los bebés nacían convertidos, como monstruos.
En efecto, el virus se encontraba en cada ser humano vivo o convertido.
En efecto, la raza humana tenía muy pocas esperanzas.

Green corrió al baño con una mano sobre la boca. Clay la siguió preocupada.
-¿Qué has comido últimamente?
-La verdad -respondió sonriendo-, de todo; se me antoja cada cosa que no tienes idea...
-Green...

***Meses después***

Clay y Faer se encontraban afuera del pequeño cuarto que había sido improvisado como sala de partos y discutían con un grupo de refugiados.

-Ese bebé va a salir como los otros que hemos visto. Debieron haberse deshecho de él desde el principio.
-Aún no lo sabemos. Además ella es la madre, estuvo en sus manos decidir qué hacer -repuso Faer.
-Terminaremos perdiéndola a ella también. Quién sabe, podría estar poniéndonos a todos en riesgo.
-Ten un poco de fe -dijo Clay con su típica voz calmada-. Solo un poco.

El doctor del refugio salió del cuarto y todos se callaron. Este se veía muy confundido.

-No solo está sano... Quiero decir, aún tenemos que hacerle pruebas a fondo pero... al parecer también está limpio, es inmune...

Nadie pudo decir nada. A Clay solo se le llenaron los ojos de lágrimas. El doctor volvió a hablar:

-Oh y es un niño.

En efecto, hay un motivo por el que cada uno de nosotros está vivo.

1.04.2011

La Última Resistencia (parte 3)

-¿Qué mierda es eso? -oí algo en el piso de abajo- Toma, quédate en la ventana.

Dejé a Green con la escopeta y bajé con el hacha lista.
Como sospeché, un convertido había logrado entrar por el patio y ya andaba rondando la cocina.

-¿Qué crees que haces aquí?

Di dos zancadas cuando aún me daba la espalda; al segundo siguiente, volteó, abrió la boca y me mostró sus pútridos dientes en una especie de rugido, el cual interrumpí con la brutalidad del hachazo que asesté en su cuello. El convertido cayó al piso con la cabeza aún colgando de unos tendones. Esta seguía... "viva". Sonreí y acabé el trabajo con otro hachazo.

Miré con satisfacción la sangre salpicada sobre mi ropa. De verdad disfrutaba haciendo esto. "Es tan divertido ver a algo así de débil y torpe actuar con ferocidad y caer con tanta facilidad" decía para mí mismo mientras salía de la cocina "tan débiles, tan...".

Mi pensamiento se interrumpió con la visión de la media docena de convertidos que también habían logrado entrar por el patio y que ahora se encontraban en el pasadizo, cara a cara conmigo.

-Torpes... Oops...
***

-¡Green! -oí el grito de Brown desde el piso de abajo y la adrenalina comenzó a recorrer mi cuerpo.

Me paré en lo alto de la escalera con la escopeta en manos y vi que al pie de esta, desde el pasadizo, me observaba un grupo de convertidos.

-¡Green, no disp...

Pero fue muy tarde, disparé la escopeta y los perdigones del cartucho se ocuparon de un buen grupo de convertidos. Vi a otro caer con un hachazo de Brown, quien entró enseguida a mi campo de visión. Me miró antes de tirar al último al piso con una patada y acabarlo con el hacha.

-No debiste haber disparado, hay cientos afuera y el sonido los va a atraer.
-Perdón...

Me dio un beso en la frente. Lo acompañó los rugidos de los convertidos que acababan de entrar al patio.

-Rápido, arriba.

Corrimos al cuarto del segundo piso y bloqueamos la puerta con todo lo que pudimos mientras los golpes se hacían más fuertes.

-Si logramos que el balón de gas de la cocina explote, podemos deshacernos de ellos -dijo Brown.
-Tendríamos que disparar desde una distancia segura y fuera de la casa.
-Solo son dos pisos, creo que podemos hacerlo.

La madera comenzaba a crujir.

-Hay infectados alrededor de toda la casa -le recordé.
-Movámonos un par de casas por los techos y bajamos. No uses la escopeta esta vez y ponte a Colita en la mochila.
-¿Cómo llegamos al techo?
-Por la ventana, querida, por la ventana. Voy primero y te ayudo a subir.
-¡Rápido!

Brown se paró en el marco de la ventana y saltó para agarrarse del borde del techo. Lo logró con dificultad. La madera crujía mucho más.

-Ahora tú -dijo una vez estuvo en el techo-, párate en el borde y te agarro los brazos para ayudarte.

Hice como me indicó, pero una vez agarrada del borde no pude hacerme subir.

-No puedo, no me alcanza la fuerza.
-¡Tú puedes! ¡vamos! -me jaló con todas sus fuerzas.

Entonces escuché la madera rompiéndose por completo y la horda de convertidos entrando al cuarto, dirigiéndose hacia mis piernas colgantes. Los pateé como pude y aproveché para apoyarme en uno de ellos y darme el empujón que necesitaba. Con la ayuda de Brown logré terminar de subir.

-Tenemos que movernos si queremos que nos rescaten -miró hacia la calle e hice lo mismo. Esta estaba llena de convertidos mirando hacia nosotros e incluso subiéndose unos encima de otros para tratar de subir.
-Si nos ven saltando a otro techo, nos seguirán.
-No si los distraigo. Dame la escopeta y comienza a saltar hacia allá -señaló la dirección hacia la cual estaba el convento- solo cuando yo tenga su atención.
-¿Y tú?
-Te encuentro después, ya lo planeé todo
-Brown...
-¿Confías en mí?
-Sí...
-Voy a estar bien. Ahora, cuando te avise, comienza a saltar y aléjate todo lo que puedas, sin mirar atrás.
-Está bien.
Se dio la vuelta y se dispuso a saltar al techo del lado contrario al que me había dicho que salte, pero se detuvo.
-Oye...
***

Me acerqué a Green, puse una mano en su rostro y sentí su suave piel una vez más. La besé una vez más. Me alejé y me perdí en sus ojos una vez más. Luego solo corrí y salté.

Una vez estuve en el techo de al lado, disparé hacia la horda de la calle.

-¡Si quieren algo de mí, van a tener que atraparme, pendejos! -entonces hice una señal con la mano para que Green se fuera; la horda estaba ahora al pie de la casa a la que había pasado y me miraban con rabia en los ojos.

Aún tenía en mente el tanque de gas de la cocina, pero se me ocurrió algo mejor al ver nuestro auto estacionado tan convenientemente cerca y su ventana superior. "De todas maneras no iba a regresar". Me aseguré de que Green ya estuviera a varias casas de distancia y que no estuviera viendo hacia mí. Lo confirmé y bajé al segundo piso de la casa donde estaba; gracias al cielo que los convertidos se dejaban guiar más por sus sentidos, en este caso la vista, que por la lógica y seguían tratando de escalar los muros en lugar de entrar a la casa y subir las escaleras. Me paré en la ventana una vez más y calculé el salto necesario para aterrizar en el auto. Los convertidos se usaban entre ellos para llegar más arriba y los dedos de algunos ya casi llegaban al marco de la ventana, así que mandé el cálculo al carajo y di un salto de fe.

Cuando abrí los ojos, estaba sobre el auto y con los ojos de los convertidos sobre mí, como si se hubieran dado cuenta de la hazaña que había logrado; aunque eso no duró por más de un segundo. Inmediatamente corrieron hacia el auto y con la misma velocidad yo me metí en él y lo arranqué. Aceleré y me estrellé contra la pared de la primera casa en la que estuvimos; esta se rompió con relativa facilidad y me dejó en la cocina.

La explosión del balón de gas no iba a ser tan potente por sí sola, por eso había llevado el auto hasta ahí, porque tenía poco más de tres docenas de convertidos queriendo despojarme de mi carne. No..., no les iba a dar el gusto. Ahora ya estaban todos a mi alrededor, arañando las ventanas del auto... Así que saqué la escopeta y apunté bien hacia el balón... "Hasta algún día, Green".
***

Vimos a Green haciéndonos señas desde un techo. Tan rápida y silenciosamente como pudimos, para no atraer a convertidos que podrían estar por ahí, la metimos a la camioneta.

Dos cosas me parecieron extrañas: primero, que no hubiéramos visto ningún convertido por la zona; segundo, que estuviera sola...

-Green... -le dijo Clay- ¿dónde está Brown...?
-Ese idiota... -respondió rompiendo en llanto. Clay la abrazó y Green se aferró a ella, llorando cada vez con más amargura y desesperación.

11.21.2010

La Última Resistencia (parte 2)

Abracé con fuerza a Green a las cinco de la tarde. La abracé con más fuerza a las seis, mientras observábamos el crepúsculo.
Ella suspiraba mucho, y en cada suspiro solo oí desesperanza. Yo me sentía igual, muy pronto iban a comenzar a salir los convertidos de donde quiera que estuvieran.
-Es hora -le dije con el último rayo de sol.
Salimos rápidamente del carro, junto a Colita y con nuestras armas y linternas en mano, y nos metimos a la casa más pequeña que encontramos.
-Cierra todo, voy a revisar el lugar.
Busqué con cautela el primer y el segundo piso. Abajo estaban la sala, la cocina-comedor, un baño de visita y un patio-lavandería descubierto. No habían convertidos y las despensas estaban completamente vacías. Me preocupó la falta de techo en el patio, pero no podíamos hacer mucho al respecto, a parte de mantenernos en silencio.
Arriba había una pequeña sala de estar con un par de sillones y una televisión rota, otro baño y dos cuartos. El primero había sido adaptado como almacén, estaba lleno de cajas con diversas etiquetas -"Julia", "Sonia", "Santiago", "Fotos", "Ropa bebés"-. Entré y pasé la linterna por cada rincón, solo para saber si era seguro. No me molesté en examinar más, no tenía ni las ganas ni el tiempo.
Al entrar al segundo cuarto, me encontré a espaldas de una mecedora con... algo en ella. Las moscas revoloteaban a su alrededor y la peste me llegó casi de inmediato. Aquello definitivamente estaba muerto, pero no por eso estaba a salvo. Me puse en guardia con el hacha e hice ruido para ver si reaccionaba. Luego de algunos segundos sin respuesta, comencé a acercarme con sigilo. Cuando estuve lo suficientemente cerca, pateé la mecedora con fuerza y puse el hacha en alto, pero el cuerpo simplemente cayó al piso, junto a un rifle simple. Aquel cadáver era el de un hombre mayor y era aparente que se había disparado en la cabeza, antes de ser presa de los convertidos. Solo entonces, noté que, en la cama del cuarto, se encontraba el cadáver de una mujer también mayor y también con un notorio disparo en la cabeza.
En fin, el lugar estaba vacío. Miré por la ventana que estaba frente a la mecedora; los muertos ya se movían por toda la calle.
Abajo, la luz del sol ya no iluminaba, Green solo contaba con su linterna para verme. Se había limitado a mover los muebles hacia la puerta y ventanas; no podíamos entablar nada, pues el ruido los atraería.
-Vamos arriba, tenemos que estar listos para cuando lleguen.
-Espero que lleguen.
-Lo harán.
Cogió el rifle del piso y esperamos cerca a la ventana.

***
Llegamos a la puerta del convento sintiendo que los corazones nos explotarían y la golpeamos como locos. Un guardia nos vio desde arriba y en seguida Clay gritó "¡Somos humanos!".
Los convertidos se encontraban a muy pocos segundos de nosotros. Seguimos golpeando y, cuando solo nos separaban cinco metros, la puerta se abrió y rápidamente nos tiramos adentro. El golpear de la puerta metálica cerrándose vino junto a el de una docena de garras golpeando a esta.
-Sobrevivientes -balbuceé entre jadeos-, en la ciudad... ¡no resistirán!
A nuestro al rededor no habían solo otras monjas, sino también varios ciudadanos que lograron refugiarse. Todos nos miraban como si estuviéramos pidiendo que cometan suicidio.
-Tendrán que hacerlo -dijo una mujer mayor, la madre encargada del convento-, no podemos salir de noche y menos ahora que han atraído a todos esos monstruos hasta nuestra puerta... ¿Eres tú, ...?
-Soy yo -respondió Clay- y nuestros amigos...
Una explosión en la ciudad interrumpió las palabras de Clay. Los golpes en la puerta cesaron inmediatamente y oímos a los convertidos correr en dirección del sonido.
-¿Qué fue eso? -gritó la madre al guardia que estaba arriba.
-Una bola de fuego se levantó, ahora hay un incendio a mitad de la ciudad.
Clay y yo nos miramos aterrados.
-¡Son ellos, tenemos que ir!
-Los convertidos ya se han ido de la puerta, podemos...
-Pero -me interrumpió- estarán todos juntos en el lugar de la explosión, con sus amigos.
Miré a todos a mi alrededor y solo encontré desaprobación.
-Madre... -comenzó a hablar Clay.

11.04.2010

Hola. Quiero escribir y terminar la historia zombie, pero estoy bloqueado. Ya sé qué quiero que suceda y cómo terminarla, pero no sé como llegar del punto en el que estoy a la siguiente idea que tengo.

HALP!

11.01.2010

Y recordé que, de acuerdo a planes que finalmente se cancelaron, hoy debí haber estado en Trujillo en la mañana y debería haber regresado a Lima hace poco. De acuerdo a esos planes, yo debí haber estado en Trujillo desde el sábado 30 en la mañana hasta hoy.
Pero estoy en mi cuarto tratando de terminar mi trabajo de historia.
Pero no me importa
Pero no extraño
Pero miento
Pero soporto

aaaala, cuánto drama. No me gusta, chau.

10.28.2010

The mask's day

That's what a really cool guy would do. He woul give his seat to the hot chicks standing next to him while waiting for some of their friends who are still in the store. But I'm not a cool guy at all, so fuck them. I'm more like an introverted asshole, a secret jerk... so fuck them. Fuck those specifically shiny, pretty, smiling people, they are oh so cool. Heck, some of them are even smarter than me, which I can't stand.
So fuck them, they won't have this seat, it's mine.

10.16.2010

hai.



Mis notas en estos últimos parciales bajaron en comparación a las del ciclo pasado... Definitivamente tiene algo que ver con el hecho de haber estado estudiando el mismo día en el micro. En fin, ya pasó, pero al parecer voy a tener que estudiar de verdad (cosa que no suelo hacer) para los finales.Quiero volver a tener un promedio alto, para estar en buen puesto y elegir un buen horario, o sea, uno que solo sea en las mañanas, como el de este ciclo. Es un poco matado tener 3 días a la semana clases a las 7, pero prefiero eso a regresarme a mi casa a las 5 o después... Por aquí las cosas se van poniendo peligrositas mientras más tarde sea. Ya me van queriendo robar como, uh... tres veces por mi casa, y ni siquiera era tan tarde, pero soy pro y no me dejo.
Pero ladrones no son los únicos que se me acercan.
Ayer regresaba a mi casa mientras pensaba "TGIF" y dispuesto a descansar un poco. Mientras esperaba a que cambie la luz para cruzar la arenales, última avenida antes de mi calle, se me acercó un chiquito que, en vez de pedir limosna como pensé que iba a hacer, me dio un muñeco de tela, este:
En la foto no se puede ver, pero en la etiquetita del costado solo hay un círculo con una equis encima.
Esta medio paja y es gratis, así que me lo quedo :D