7.21.2011

They call me the breeze.

Los hermanos Krim se sentaron en la oxidada mesa en una habitación cuyas paredes habían sido víctimas de la humedad. Un solo foco de luz amarilla alumbraba el lugar desde el centro del techo, sobre la mesa.

-Tenemos que limpiar este lugar -Nid era el mayor y contaba con una voz varonil y entonada.
-Siempre te acuerdas cuando tenemos algo importante que hacer -Jid era el menor, pero no se notaba-. Alastor no va a esperar a que terminemos de barrer para comenzar el ataque.
-Como sea... -sacó un archivo y lo abrió. En él estaban un plano y el perfil y una foto de Lilian, el objetivo de Jid- Su resistencia mental es admirable y peligrosa, pero es la única que se va a poder acercar a Alastor.
-Me subestimas, hermano.
-O tú la subestimas a ella. Confío en ti.

Jid se echó en una cama que estaba en un rincón de la habitación y cerró los ojos. No trataba de quedarse dormido, sino de liberarse de su cuerpo.

-¿Ya te fuiste? -su hermano le movió el hombro, pero no obtuvo respuesta- Supongo que sí.

"Así es", escuchó la voz de su hermano en la mente.

El ser etéreo de Jid se inclinó sobre el mapa un vez más y salió de la habitación atravesando el techo. Voló sobre innumerables calles durante unos minutos; la ciudad era enorme, pero en esa forma la velocidad era casi voluntaria, solo la disminuía para poder ver bien los nombres de las calles y no perderse.

Finalmente reconoció la construcción a la que debía ir. Era un viejo almacén abandonado rodeado de terrenos baldíos; se encontraba en la parte peligrosa de la ciudad, pero "peligro" para los humanos significaba poco para los Vástagos.

Se acercó y trató de localizar a Lilian, pero no se encontraba a la vista, así que decidió inspeccionar, con toda confianza, la mente de uno de los guardias. "Un cuarto subterráneo, eh...". Lo único que el peón sintió fue una brisa de aire frío durante un breve instante, y cometió el grave error de no prestarle atención.

Jid descendió por el concreto hasta toparse con la cámara de la vampiro. Estaba ahí, sentada frente al espejo en un cuarto color durazno. Se acababa de maquillar el rostro y ahora se pintaba las uñas como si se trataran de pequeñas obras de arte. Jid aprovechó lo ida que estaba en ese momento y atacó sin dudarlo. Primero, la visualizó como una fuerte estructura, impenetrable; luego decidió hacer una puerta... y ella no lo notó. Pensó en lo fácil que se le estaba haciendo la tarea y se apresuró a entrar a la mente de Lilian, pero fue detenido inesperadamente. La puerta se había cerrado. Ella se puso de pie y dio media vuelta tranquilamente, mirando hacia el centro de la habitación con sus profundos ojos oscuros.

-Seas quien seas, no sabes con quién te metes -sonrió y emitió por toda la habitación una sonda psíquica de su cabeza coronada de rulos negros-. Así que ahí estás... -Volvió a emitir una sonda, pero mucho más poderosa y concentrada en la ubicación de Jid.

El vampiro sin cuerpo la esquivó con agilidad y se dio cuenta de que tendría que entrar por la fuerza. Arremetió contra Lilian tres veces antes de que esta volviera a atacar.

-No sabes con quién te metes... no sabes...

Era muy cansado para la vampiro resistir los ataques al mismo tiempo que mantenía su ofensiva, por lo que su defensa no tardó en quebrarse. Jid dio el golpe de gracia en esta y entró a la mente de Lilian.

"No, Lilian, no sabes con quién te metes". Inmediatamente comenzó el ataque mental, el cual simplemente consistía en crear presión sobre la psique.

-¡Detente! -la Vástago cayó al piso de dolor, con las manos sobre la cabeza- Esto recién comienza... Jid.

"Vaya, sabes mi nombre. Yo tengo acceso a toda tu mente, querida. Ahora, si quieres que..." Lilian contraatacó con fuerza, tratando de echarlo de su mente.

-Estás en mi mente, me parece que estás en desventaja, querido -la presión de Lilian atacaba por todos lados a Jid, quien respondía tan bien como podía. Era un intercambio constante de energía psíquica que parecía no tener fin.

Krim huyó hacia los recuerdos de los primeros años de vida de la vampiro y espero a que lo siguiera. Una vez esta lo hizo, él comenzó a evocar las memorias que ahí se encontraban: su accidente en bicicleta; momentos con sus padres, muertos ya hace décadas; su primer beso, con el presidente estudiantil, con quien también fue a la fiesta de graduación; y el día en el que cortaron. La distracción funcionó a la perfección, en especial con el último grupo de recuerdos, y Jid la sometió sin oposición.

"Parece que alguien sigue siendo una adolescente por dentro". Su risa resonó por toda la mente de Lilian y esta cayó al piso, derrotada. "Ahora vamos a divertirnos. Ve a la cocina". Lilian trató de resistirse una vez más, pero fue inútil; se levantó, subió a la planta principal y entró a la cocina. "Busca la glicerina, vamos a hacer... fuegos artificiales". Su rostro se llenó de terror, intentó hablar, pero Jid la detuvo. "No tenemos tiempo para charlas, ya casi son las tres". Silenciosamente y con desesperación, la vampiro comenzó a fabricar la bomba.

"Ahora, escóndela en tu abrigo. Vamos a visitar a tu amorcito en la planta alta. Apresúrate". Lilian comenzó a llorar de impotencia ante lo que sabía que iba a suceder. Derramó lágrimas todo el camino hacia la oficina de Alastor, quien se encontraba mirando por la ventana la ciudad que pronto conocería el terror... o eso pensaba.

Se volvió hacia la puerta en cuando Lilian la abrió.
-¿Amor? ¿Qué sucede? -las lágrimas le habían corrido todo el maquillaje. Su apariencia decadente iba a la perfección con la situación- Ven aquí...

Intentó decirle que no, que no se le acercara, pero Jid la mantenía en silencio. "Camina hacia sus brazos abiertos que te esperan, Lilian".

-A-Alas... gr-gracias por i-ir conmi-go al ba-baile de gra-duación -luchó por decir entre sus brazos-. Lo... lo... sien-to.
***
-Un trabajo impecable, hermano -lo felicitó Nid una vez se hubo despertado, de vuelta en la humedecida habitación.
-Gracias -respondió satsifecho-, pero me ha dejado molido. Será mejor que descanse. Ah y... deberías limpiar esto, los chicos de Alastor tenían su base más limpia.
-...

6.29.2011

Hilos

No lo vas a admitir, pero creo saber lo que quieres.

-¿Por qué debería ir contigo?
-Porque... quieres invitarme -se comenzaba a quedar sin argumentos.
-No, no quiero -la voz de ella era como la de un niño, con la capacidad de ser dulce y dura a la vez.
-Sí, sí quieres.
Ella le dio la espalda y comenzó a caminar.
"¿Qué crees que haces?". La siguió y la tomó de la mano.
-Suéltame.
-Siempre te pones en primer lugar a ti misma, ¿verdad?
-¿Tú no?
Quería decirle que no, que ella ocupaba el primer lugar, pero decidió hacer algo diferente.
La jaló hacia él y la abrazó como si nunca la fuera a soltar.
-Sí -dijo ella con la cabeza apoyada en su cuello-, quiero ir contigo.
Él sonrió y le dio un beso en la frente.

Her eyes say no

"I can't handle this". Ya se había acostumbrado a pensar en inglés de vez en cuando.
Caminó con pasos desviados sobre el pasto, queriendo tirarse sobre él y dejar que el rocío nocturno lo moje. Queriendo no levantarse otra vez.
Se había quedado perdido en sus ojos momentos atrás, los había anhelado tanto.
Hubiera querido que el momento en el que sus manos rozaron se prolongara, que se transformara en un entrecruce de dedos.
La música sonaba a su espalda.
Hubiera querido tanto, pero sus ojos le dijeron "no".
-Mírate.
-Mierda -le habló al aire; su interlocutora solo existía en su mente-, tú otra vez.
-Patético. Mírate.
-Nunca he llegado a comprender tu razón de ser. Eres parte de mí, ¿por qué me atormentas?
-No lo hago... Sabes a dónde va a llevar todo esto, ¿no? -cambió de tema.
-A otro fin y, luego, a otro comienzo. Es el ciclo usual.
-Perdiste.
-Tal vez, tal vez no. Puede que aún tenga oportunidad.
-Siempre piensas eso. Y no creas que ahora "tienes trucos bajo la manga", porque sabes que nada va a funcionar. Harías bien en hacerle caso a tus impulsos y tirarte al pasto. ¡Qué más te queda!
Él comenzó a reir.
Rió.
Rió.
Rió.
-Estás loco, por eso siempre terminas así. ¡Demente!
Él se limitó a seguir desternillándose.
-¡Sus ojos! ¡Sus ojos me dijeron que no! -Luego de una pausa, agregó- Tal vez... tal vez el pasto sea cómodo...

6.14.2011

Devin

"¿Por qué..."
El joven yacía sobre el frío asfalto negro, con un ardor insoportable en su cuello.
"¿Merezco acabar así?"
Se estaba desangrando.
"¿Qué hice para que mi fin llegue de esta forma?"
La noche y el silencio eran testigos del evento.
"¿Tuve la culpa de algo?"
¿Sabes de ese momento en el que, antes de morir, tu vida comienza a pasar ante tus ojos como una película? Bueno, eso no iba a pasar... al menos no con TODA su vida, pero sí con la parte que él consideraba relevante ahora.
"Tal vez..., tal vez fue por ella..."
Evan comenzó a recordar...

~Capítulo 1: Mayra~

I
¿Que cómo terminé trabajando de ayudante de cocina durante mis vacaciones? Bueno, estaba esta chica del grupo con el que siempre salía... la conocía ya un tiempo, pero nunca me había fijado realmente en ella. Y, cuando lo hice, me di cuenta que estaba dispuesto a hacer muchas cosas por estar con ella...

Aquella noche estaba frente a mi computadora, conversando con mi mejor amiga sobre el tema.

Tamara: pero háblale máaas
Devin: es que no sé de qué, todo se pone awkward cuando trato de hacerle el habla
Tamara: tranquilízate :) acércate con calma
Devin: u_u trataré
Tamara: trata de encontrar la forma de pasar tiempo solo con ella
Devin: invitarla a salir no sería muy obvio?
Tamara: sí
Devin: tendré que ser creativo >.>

Era Jueves y la vería el Sábado, junto a los demás. Tenía algo de tiempo para prepararme...

Ah sí, también era Diciembre, y el espíritu de mi festividad favorita se sentía en el aire.

Con los ojos cerrados, antes de dormir, imaginaba que estaba frente a ella, tratando de articular y mantener una conversación coherente e interesante.
"¿Y qué planeas hacer en las vacaciones?"
"Tratar de pasar todo el tiempo que pueda contigo"
Bueno, tal vez estaba siendo muy optimista.
"Tratar de conseguir un trabajo"
Eso estaba mejor.
"¿En serio? ¡Yo también!"
"¿Sí? ¿En qué te quieres meter?"
"Eh..."
Eh...
"Aún tengo que ver, pero un tío tiene un restaurante, creo que se llama... ¿El Pez Morado?"
"¡El Pez Morado! Sería increíble... Oye, ¿crees que le puedas pedir trabajo para mi también? Puedo hacer de todo"
Eh... Cuidado con esa última oración. Bueno, esto era más realista.
"Claro"
Sonreí en mi imaginación y fuera de ella. El plan era perfecto... ahora, a esperar que en realidad estuviera planeando trabajar estas vacaciones.
***
Estábamos en Larcomar, yo y media docena de adolescentes; entre ellos, Mayra y Tamara.

Se nos acercó una niña con rosas.

-Cómprele una rosa a su enamorada.
-¿Quieres una, May? -dije a manera de broma y aprovechando la oportunidad para romper el hielo de la noche, pero...
-Sí -su sonrisa estrecha no me decía si debía tomarla en serio o no. Era obvio que esperaba algo, ¿pero era otra broma o la rosa?
-Dos soles -la niña decidió por mí y le entregó la rosa a Mayra.

Solo me quedó pagar y sonreirle a la chica que ahora tenía la flor entre manos y cuya sonrisa seguía sin decirme nada. Era una de esas sonrisas que uno usa cuando juega póker, la puta madre.

En fin, esa rosa iba a valer los dos soles que pagué por ella.

-Eso tiene que haber sido un robo.
-Fue un robo sutil, muy sutil -respondió.
-Oh, sí... Bueno, ¿al menos te gusta?
-Sí. Solo te estaba jodiendo -rió-, pero sí, sí me gusta.
Reí con ella- No pude distinguir para nada si estabas bromeando o no.
-Entonces trataré de ser más clara con mi sarcasmo, señor Devin.
-Muchas gracias, señorita Mayra.

Entonces pasó. Nos miramos y sonreímos al mismo tiempo.

-Se acaba el año...
-Sí...
-¿Qué tal acabaste tus cursos?
-Bien. Cuando de verdad te gusta lo que estudias, no cuesta mucho esforzarse.
-Solo porque en cocina casi todo es práctico.
-Puede ser, pero aún así... Me gusta demasiado. De hecho, creo que voy a tratar de conseguir trabajo de ayudante de cocina en estas vacaciones.

¡Bingo!

-¿Sabes? -por más que traté de evitarlo, una sonrisa se desbordó de mi boca mientras hablaba- Yo también quiero trabajar, en lo que sea, la verdad, pero da la coincidencia que mi tío tiene un restaurante por acá -extendí el brazo hacia mi derecha, en dirección al faro-; y, bueno, podría preguntarle si te puedo pasar la voz a ti también.
-Me harías el verano. Pregúntale, por fa'.
-Claro. Mañana le pregunto y te llamo. Fácil podemos comenzar a trabajar desde ya -solté una risa entre nerviosa y emocionada.
-Sí -sonrió con los labios.

5.22.2011

This is where we remember.

En el jardín de la residencia había un pequeño lago artificial. A la orilla se sentaba el Padrino, cara descubierta, máscara sobre la cabeza, con un cigarrillo en mano. Tenía la vista perdida sobre el agua de cristal.

-¿Estás bien? -Cisne se había acercado gateando desde atrás. También llevaba la máscara sobre la cabeza y un mechón de cabello negro cayendo sobre su rostro.
-Sí... solo que... La Noche del Cambio -ella lo miraba con expectación- algo sobre ella aún no me cuadra.
-¿Qué cosa?
-Bueno, las criaturas vinieron de otra dimensión, podría decirse que son los equivalentes de los animales de esta; entonces, ¿no debieron haber atacado más especies? Me parece imposible que solo existan tres formas de vida allá, ¡deberían ser cientos de miles!. Y luego pensé en otra pregunta -Cisne lo seguía con atención, sus ojos clavados en él-, ¿por qué atacaron? Los animales, por más agresivos que sean, no invaden las ciudades ni atacan a sus habitantes. Creo que... alguien los estuvo controlando.
-¿Eso crees?
-Sí y... es preocupante ¿Quién podría hacer algo así y por qué querría hacerlo?
-Sea quien sea no se ha mostrado, tal vez no haya motivo para preocuparse.
-No sé..., no puedo evitar hacerlo.
-Tranquilo -sonrió y le puso una mano en el hombro-. Tienes que estar relajado para tus nuevos alumnos.

El Padrino volteó a verla con una sonrisa y rió.

-Tienes razón.
-¿Te acuerdas cuando nos enseñaste a nosotros?

Volvió a reír y respondió:

-Cómo olvidarlo...
***
El Padrino nunca supo qué había sucedido con sus padres; se crió en un orfanato, en el que conoció a los que serían sus mejores amigos de ese momento en adelante. Siendo el mayor del grupo, lo seguían a todos lados y lo acompañaban en sus aventuras fantásticas en el jardín de su hogar. Claro que no fue así siempre.

Él, desde niño, había sido muy reservado. Solía jugar solo con sus cubos de plástico, armando torres y castillos. Los otros doce chicos no se conocían entre sí aún, pero tenían algo en común: lo miraban con curiosidad; a él y a sus construcciones, impresionantes para un niño de cinco años.

Jana fue la primera en acercársele.

-¿Cómo te llamas?

Él no respondió.

-¿Jugamos?

La niña no esperó respuesta. Se sentó frente a él, con los cubos en medio, y comenzó a armar una torre. Después de unos instantes, el pequeño habló finalmente.

-Eres buena.

Ella sonrió.

-Pero tenemos que reforzar los muros. Los dragones vendrán por el este.
-¿Qué necesitamos?
-Los cristales de la cueva -señaló un pequeño matorral.
-Vamos -dijo tomándoselo en serio.

Los dos niños se adentraron en los arbustos... y los demás los siguieron. No solo acababa de hacer amigos, sino también compañeros de aventura.

-Vengan -les hizo una seña para que se fijaran debajo de su cama, de donde sacó varias máscaras de papel maché. Los niños estaban maravillados.
-¿Tú las hiciste?
-Claro. ¿Quieren una?
-¡Sí! -respondieron al unísono.
-Jana primero. ¿Qué animal te gusta?

Crecieron juntos para ser inseparables.

Al ver que llevaban sus máscaras a todos lados, una de las madres del orfanato bromeó con otra:

-¡Pareciera que estamos en una mascarada!

Estas palabras llegaron a los oídos del Padrino, ya de unos ocho años. Y le gustaron.

-¡Escuchen! A partir de ahora nos conocerán como La Mascarada.

Los niños amaron la idea. No tenían mucho, pero tenían lo necesario para divertirse sin fin: sus mentes. Los niños amaban sus vidas hasta ese momento.

Sin embargo, cinco años después, al cumplir el Padrino trece años, llegó un hombre viejo al orfanato. Entró a la oficina principal y salió media hora después al cuarto de los chicos.

-Hola -las arrugas de su cara se marcaron al sonreir-, me llamo Henno, soy tu tío-abuelo, pero puedes decirme tío... o Henno... o tío Henno, como prefieras.

-¿Me va a llevar? -preguntó levantándose la máscara.

Los otros doce niños estaban parados detrás de él, mirando a Henno a través de sus caretas. El viejo respondió sabiamente.

-Veo que has hecho buenos amigos acá. Sí, vas a vivir conmigo de ahora en adelante, pero puedes venir a visitar el orfanato cuando quieras. -Se arrodilló para estar a su altura al ver que bajaba la cabeza- No estés triste, te aseguro que no perderás a ninguno de ellos; además -susurró en su oído-, vas a ver que esto te beneficiará más de lo que crees.

El niño lo miró intrigado por sus palabras y rápidamente identificó que se encontraba frente a una nueva aventura, una de proporciones que nunca habría logrado imaginar y cuyo fin no llegaría sino hasta muchos, muchísimos años después.

-Está bien. Déjame despedirme, tío -pidió mientras se volteaba a ver a sus amigos-. La Mascarada permanecerá unida... los veo mañana.

Había decidido terminar su despedida con una sonrisa, pero el grupo tenía otros planes. Lo acorralaron en un gran abrazo grupal.

El chico se subió al auto con su pequeña maleta y el tío Henno condujo hacia una parte alejada del centro de Delaran. Llegaron a una elegante zona residencial y se detuvieron frente a unas rejas con las iniciales del tío, H. L. Estas se abrieron al comando de voz de Henno.

Siguieron avanzando. El camino pasaba por una gran área verde y terminaba en una pileta, frente a la gran mansión. El estilo de la construcción era neo-victoriano con acabados góticos. Desde donde estaba, el futuro Padrino no podía ver el fin de ella.

Ambos pasaron y fueron recibidos por el mayordomo. Henno presentó a su sobrino-nieto.

-Luego te conocerán los demás criados. Por ahora, deberías ir a escoger tu habitación... mi casa es grande, pero no la comparto con nadie, así que tienes muchas opciones. Bienvenido.

El chico, incapaz de articular palabras ante tanto lujo, sonrió de oreja a oreja y corrió escaleras arriba con su maleta en mano.

Escogió una habitación con vista al enorme jardín trasero, en el cual había un gazebo blanco, una amplia piscina, un lago artificial y un camino de piedras blancas a lo largo de todo el pasto. Una muralla de frondosos pinos terminaba el paisaje.

Acomodó sus pocas pertenencias en los cajones de una cómoda y colgó su máscara sobre el espejo. Se sentó sobre la cama y contempló los finos acabados victorianos en la madera de los muebles y el papel tapiz dorado con marrón de las paredes. Sentía que había viajado al pasado y le encantaba.

A la hora de la cena, Henno presentó a su sobrino a los otros empleados de la mansión; eran unos diez, a parte del mayordomo, que tenían que hacerse cargo de que todo esté en orden. Una vez se hubieron retirado, comenzó a hablar con el chico.

-Me imagino que te han estado dictando clases en el orfanato; bueno, mañana vendrá un tutor para continuarlas. Pero, a parte de eso, hay otro tipo de clases que te daré yo personalmente. Pásate por mi estudio luego de cenar -terminó con una sonrisa tierna.

El Padrino asintió. Sabía que estaba cerca a algo grande, y ya quería saber de qué se trataba.

Semanas después, en una de sus visitas al orfanato, se lo contó a sus amigos.

-Mi tío me está enseñando magia.
-¿Magia de verdad?
-Sí... bueno, dice que aún no la podemos poner en práctica, pero ir aprendiéndola nos dará una ventaja cuando sea posible.
-¿Será posible?
-Creo que sí... me ha mostrado un libro... Quiero creer.
-Suena interesante -dijo Jana.
-Sí, deberías enseñarnos algo algún día.
-¡Sí!
-Creo que lo haré -sonrió ante la aprobación de La Mascarada.

Los años pasaron y el Padrino probó ser un prodigio no solo académico, sino también en el campo de la magia, contentando a su tío.

-Me alegra haberte poder pasado todo mi conocimiento en tan poco tiempo -dijo tiempo después, en su lecho de muerte-, he dedicado toda mi vida a esto y veo que rendirá sus frutos contigo, querido sobrino. No solo te dejo todas mis posesiones materiales, sino también todo mi conocimiento, lo más valioso que tengo. A partir de ahora deberás seguir tú, aunque no necesariamente solo -le guiñó un ojo. El joven ya sabía a lo que se refería-. Gracias por hacerme orgulloso.
-Seguiré adelante, Henno -dijo sosteniendo su mano entre las suyas y con una lágrima rodando por su mejilla-, seguiré adelante.

Habiendo alcanzado la mayoría de edad recientemente y contando con la riqueza de su tío, el Padrino estaba en condición de adoptar a La Mascarada. Y así lo hizo.

Recordó su propio rostro al ver los de ellos cuando estuvieron frente a la mansión, y rió.

-¡Escogan sus cuartos, niños! -bromeó.
-¡Nada de niños!

Con la dedicación de su tío, el Padrino instruyó a sus amigos en el arte de la magia durante un par de años. Hasta que decidieron fundar La Familia.

Compraron un sanatorio en desuso a las afueras de la ciudad y lo llenaron de vida... de magia; este sería su cuartel general. Seleccionaron cuidadosamente a sus primeros miembros y les encargaron que le pasaran la voz a las personas que creyeran apropiadas para la sociedad.

La Familia y sus miembros crecieron en número y en conocimiento en pocos años.

La teoría mágica era extensa, pero aún así llegó el día en el que la última miembro de La Mascarada la dominó. Y pasó a usar una máscara elegida ya hace muchos años.
***
Mandy y David se acercaron por el camino de piedras blancas.

-Estamos listos... -la voz de Mandy se fue apagando. Era la primera vez que veían al Padrino sin su máscara, y no se veía mucho más viejo que ellos. Le echó unos veintipocos.

Ambos magos sonrieron.

-Muy bien. Escuchen, la magia consiste en comunicarle nuestra voluntad a la realidad para que la cumpla. El medio que usamos para esto son los sigilos, símbolos mágicos. Y el precio que hay que pagar es el Éter... Eso es la magia a grandes rasgos. -Abrió El Libro de Hécate sobre el pasto- En estas páginas comienza todo.

5.15.2011

This is where you thank us.

El gobernador era un hombre mayor, alto, de facciones rectas y cabello cano. Vestía un terno azul oscuro y una camisa blanca con delgadas rayas verticales también azules. Su corbata era azul marino con detalles dorados y tenía un adorno de oro en ella.

Su imponente voz pronunciaba palabras humildes. La Mascarada estaba sin palabras, se habrían visto sus rostros estupefactos si no hubieran tenido las máscaras puestas.

-No sabemos cómo agradecerles...
-No es necesario, señor Gobernador -respondió con seriedad el Padrino-. Esta también es nuestra ciudad. La Familia se hará cargo de las reparaciones necesarias y de comenzar a poner esta ciudad en estado habitable, como habíamos dicho antes.
-Avíseme si necesitan algo.
-No se preocupe, señor.

En el transcurso de los siguientes días, La Familia entera trabajó sin descanso. Las construcciones dañadas fueron reparadas y los escombros de las destruidas fueron retirados. Se terminaron de adaptar las granjas y los invernaderos para que funcionasen con sigilos. Todos los paneles solares fueron reemplazados por los sigilos que producían Éter a partir del sol. Se construyeron canales que llevaban el Éter de los paneles y de los ríos a un complicado conjunto de sigilos que trataban el Éter líquido y lo convertían en algo parecido a electricidad púrpura, la cual podía ser llevada por toda la ciudad con más facilidad que el líquido.

Se crearon diferentes artefactos mágicos. Estos eran creados por medios mágicos y funcionaban con Éter, pero el usuario no necesitaba saber magia para usarlos. Era la manera de La Familia de hacer la vida tan fácil como antes sin tener que compartir el conocimiento mágico.

Mientras se adaptaba la ciudad, los delarianos vivían en sus hogares y eran asistidos por miembros de La Familia para satisfacer sus necesidades básicas.

Pronto, un distrito había quedado completamente habitable y con todas las comodidades que solía ofrecer la tecnología.

-Esto, Panda -el Padrino admiraba el brillo púrpura que bailaba por sobre las calles, llevando la energía mágica a todos lados-, sí es una razón para celebrar.

La Mascarada se había alojado en el Palacio de Gobierno durante este tiempo. Un día, aún lejos de terminar las obras en la ciudad, el Gobernador los llamó a un largo salón en cuyo centro había una mesa, también larga, hecha de piedra índigo pulida bellamente. Las paredes estaban adornadas por cuadros de gobernadores anteriores con marcos de oro. La decoración en general era sobria, fina y elegante.

El Gobernador se sentó en el asiento de uno de los extremos; el Padrino, en el del extremo contrario. Los demás miembros de La Mascarada tomaron los asientos laterales.

-Señores -los enmascarados se sintieron raros ante tal nombramiento; habrían preferido "jóvenes"-, el pueblo de Delaran me ha expresado su voluntad de cumplir la petición que La Familia hizo en un principio a manera de agradecimiento, a pesar de que su organización no ha insistido desde el incidente de la invasión a la ciudad. Van a pagar la cuota o a trabajar en las minas.
-Nos alegra que sea así -respondió el Padrino con una sonrisa bajo la máscara; ya había decidido volver a requerir el pago de la ciudadanía una vez terminaran las obras- y que los delarianos se den cuenta de lo que hacemos por ellos. Por otro lado, señor Gobernador, quería decirle que nos gustaría el establecimiento de una institución encargada de todos los asuntos mágicos; esta estaría a cargo de nosotros, por su puesto.
-No veo ningún inconveniente con eso -el Gobernador se encontraba aliviado de conservar su puesto.

La reunión terminó, pero La Mascarada aún tenía un asunto pendiente, aunque más interno. Esta vez se reunieron en una sala de estar que se les había cedido aparte de los cuartos. También los acompañaban Mandy y David.

-¿Qué será, entonces? -preguntó Búho.
-Una votación parece lo más justo -respondió Panda.
-Entonces -dijo el Padrino- ¿quiénes están a favor?

Durante este tiempo, cada miembro de La Mascarada había tenido tiempo de conocer bien a la pareja y ambos muchachos se habían esforzado en estrechar lazos con los magos. El resultado: trece manos levantadas.

-Está decidido. Mandy, David, bienvenidos a La Familia.

4.14.2011

This is where we fight.

El sol se había alzado hace ya una hora.

El sigilo solar convertía la luz en Éter, pero diferente al fluvial. El Éter solar consistía en radiación y solo podía ser almacenado en medios físicos que contasen con un sigilo de contención solar, el cual estaba cosido en todas las túnicas de La Familia; por eso estas brillaban con luz áurea.

Los sigilos de escudo también estaban cosidos en las túnicas y lo que hacían era hacerlas resistentes como el titanio, pero también quitarles algo de flexibilidad y aumentar su peso, aunque esto último era compensado por los sigilos de mejora física.

Lobo se lanzó contra el alarido del subterráneo. Cada golpe de sus puños cubiertos de Éter era como la explosión de una granada. La bestia retrocedió y rugió ante la ráfaga de golpes que iba destruyendo su monstruoso cuerpo. Finalmente quedó una masa humeante con los tentáculos destrozados. Esta abrió su boca de múltiples dentaduras, que había quedado al aire, y dejó salir un último chirrido antes de que Lobo dejara caer una pequeña esfera de Éter dentro de ella. Instantes después, mientras él se retiraba de la escena, una explosión se alzó a su espalda.

En el resto de la ciudad el ejército mágico de La Familia -que, aunque menos numeroso que el de Delaran, estaba mucho mejor armado- combatía a las bestias y defendía a los delarianos junto a los soldados.

Ya que ahora contaba con una fuente mayor de energía, La Mascarada ya no tenía que moderar tanto su uso de Éter... y podía divertirse más.

Félin, acompañada por un escuadrón de La Familia, luchaba contra los monstruos del centro de la ciudad. Usaba su sigilo para amplificar los impulsos eléctricos de su propio cuerpo y lanzarlos como cadenas eléctricas hacia los lobos-araña. Una vez que uno era alcanzado por la descarga, ella aprovechaba los impulsos eléctricos de la bestia, con lo que la cadena saltaba a la criatura más cercana a la primera. De esta forma, la cadena adquiría potencia con cada salto.

Un delirio se mostró, junto a varios alaridos, ante el escuadrón. Los magos intentaron atacar, pero los monstruos eran muy fuertes como para ser afectados lo suficiente por los sigilos cinéticos. Entonces, las bestias contraatacaron; el delirio elevó su inmensa garra en el cielo y dio un zarpazo más rápido de lo que hubieran esperado. Varios magos cayeron heridos mientras que otros lograron esquivar el golpe mortal por centímetros.

Félin dirigió el arco eléctrico, ya bastante sobrecargado, hacia la titánica bestia y mantuvo la descarga. El delirio comenzó a agitarse, probablemente de dolor, y a correr hacia ella, aplastando todo a su paso. La maga intensificó la descarga tanto como pudo, pero la bestia no se detenía.

-Mierda -susurró para sí misma.

El delirio llegó a la posición de Félin con la garra elevada, pero en ese momento un haz de luz lo cegó por unos pocos segundos, en los cuales la maga desapareció de la vista. Había impregnado sus extremidades de electricidad estática y ahora se encontraba trepando rápidamente por el desagradable cuerpo del monstruo hacia su cabeza. Al llegar, la criatura intentó usar sus tentáculos para derribarla, pero la maga se movía como el rayo y se hizo camino hacia el rostro. Rápidamente sobrecargó uno de sus puños y con él golpeó uno de los ojos negros de la bestia. Esta rugió y se sacudió frenéticamente, pero ella mantuvo su posición gracias a la estática. Entonces, generó una esfera electromagnética y la introdujo en el orificio que acababa de hacer.

Félin se deslizó velozmente hacia el suelo y una explosión eléctromagnética iluminó el cielo de la mañana. El delirio cayó pesadamente sobre las calles de Delaran.

Liebre estaba, a diferencia de los demás miembros de La Mascarada, sola. Así lo pidió ella.

Se encontraba parada en medio de una de las zonas residenciales; esperaba. Segundos después llegó una horda de monstruos, encabezada por un delirio. Las criaturas se dispusieron a acometer contra Liebre, pero esta activó su sigilo en el momento justo.

Extendió ambas manos en dirección a las bestias y sus ojos parecieron adquirir brillo. Los monstruos se quedaron paralizados frente a la visión que se presentaba ante ellos. Instantes después, todos comenzaron a correr despavoridos hacia las afueras de la ciudad.

¿Qué pudo haber elaborado la mente de la pequeña Liebre que fue capaz de crear tanto pánico en aquellas criaturas, incluído el colosal delirio?

Fuere lo que fuere, la maga se dirigió al próximo grupo de monstruos a repetir su acto.

Cisne, por su parte, congelaba el vapor de agua del aire y le daba forma de agujas de hielo que lanzaba contra las criaturas. Estas caían muertas al ser traspasadas por los proyectiles helados.

Deshacerse del delirio que la comenzó a atacar a ella y a su grupo fue más difícil, debido a que no podía hacer nada que destruyera la ciudad, como un tornado.

La bestia atacó lanzando ácido de los orificios de su cuerpo, pero Cisne congeló el fluido en el aire. Las agujas de hielo solo conseguían enfurecer al monstruo y hacerlo más agresivo; varias veces estuvo a punto de aplastar a la maga con sus tentáculos. Ella aprovechó el último de esos golpes y saltó sobre uno de los apéndices para llegar a la cabeza. Una vez ahí, creó tantos proyectiles gélidos como pudo a su alrededor y, antes de que la bestia la tumbara con un zarpazo, los dirigió todos contra los ojos. El delirio rugió de dolor, pero seguía vivo y botó a Cisne de su cabeza.

La caída libre fue detenida por Fradd, un miembro de La Familia, y su sigilo cinético.

La criatura ahora se tambaleaba furiosamente, destruyendo todo cuanto estuviera a su alcance.

-Si logramos que las agujas se entierren más en su cabeza, lo más seguro es que perezca -sugirió Fradd.
-Vamos a necesitar usar nuestros sigilos juntos. ¿Puedes elevarme a esa altura?

El mago asintió e hizo lo que se le pidió. Una vez en el aire, Cisne se concentró en su sigilo cinético para empujar las agujas hasta lo más profundo de la cabeza del monstruo. Este volvió a rugir espantosamente, pero esta vez cayó muerto.

-Ya puedes bajarme -le gritó al Fradd.

Ciervo también hacía lo suyo en otra parte de la ciudad.

Con su sigilo podía abrir heridas a cierta distancia. Las hacía profundas y a lo largo de los cuerpos de los monstruos; era como tener un bisturí gigante, invisible y flotante. Con este método se deshacía rápidamente de los invasores y ya tenía planeado qué hacer con el delirio que venía en su dirección.

Contrario a lo que aparentaba, Ciervo era una chica capaz de pensar con la cabeza fría y actuar rápidamente.

Comenzó abriendo heridas en las piernas de la gigantesca criatura; esto la enfureció e hizo que atacara con todas las partes de su cuerpo. La maga esquivó los ataques y esperó a que usara la cola, la cual unió a una de las piernas. Esto hizo que la bestia se confundiera y perdiera el equilibrio, con lo que cayó estruendosamente al piso. Ciervo intuía que su punto débil era la cabeza, la cual ahora tenía a su alcance. Rápidamente se acercó a ella y cortó los tentáculos con los que intentó atacarla el monstruo. Entonces partió la cabeza en dos sin siquiera tocarla y un olor cenagoso salió del interior de esta.

Ciervo se alejó velozmente, pues no soportaba el olor.

Luego de cerca de dos horas de luchar, Delaran había sido purgada casi por completo. Los miembros de La Mascarada se reunieron mientras el resto de La Familia se encargaba de los pocos lobos-araña que quedaban escondidos.

-Debo felicitarlos -dijo Panda-, hemos hecho un buen trabajo.
-Hemos tenido bajas y han habido víctimas -replicó el Padrino-, no veo motivo de felicitación.
-Nos hemos esforzado y hemos salvado tanta gente como pudimos -dijo Mariposa-. Pudieron haber habido más muertes.
-De cualquier forma -intervino Lobo-, Delaran está segura ahora, pero hay mucho daño que reparar.

El Padrino se alejó del grupo y elevó la vista al cielo. Liebre se le acercó.

-No contábamos con esto.
-Lo sé, no me siento culpable, pero tampoco con ganas de celebrar. Esto ha sido una tragedia.
-Tienes razón, por eso debemos hacerle caso a Lobo. Hay mucho por hacer.
-¡Miren quién viene! -les llamó la atención Búho.

El gobernador en persona se acercaba a ellos con una escolta.

-Yo me ocupo de esto -les dijo el Padrino-. Señor gobernador... -se dirigió a él una vez estuvo cerca, pero fue interrumpido.
-Padrino, en nombre de todo Delaran... he venido a darle las gracias.