Se levanta de la cama como si odiara las mañanas. Deja las sábanas destendidas y arrastra los pies descalzos hasta la cocina. Sirve una taza de café tan amargo como su expresión. Sin azúcar. Prende un cigarrillo y lo alterna con la taza para llevárselo a la boca. Deja caer la ceniza por toda la cocina.
La televisión solo está prendida para hacer ruido, pero esta mañana algo le llama la atención.
-Y en el programa de anoche de Perú Tiene Talento, un misterioso mago enmascarado fascinó al público con sus trucos de hielo...
Levanta una ceja. Primero, incrédulo, al ver las imágenes del programa de anoche. Luego, completamente furioso al darse cuenta de lo que ese imbécil está haciendo en televisión nacional. La taza se hace añicos entre sus dedos y los pedazos manchados de sangre caen al piso.
-Nos va a joder como no tiene idea...
Se pone el sobretodo negro con capucha encima de la ropa con la que durmió, y un par de botas negras. Coge sus llaves. Sale del departamento.
-Ese "mago" me va a escuchar.
Su sombra se proyecta hacia arriba conforme va bajando las escaleras del edificio.
8.24.2014
8.15.2014
...and counting
El viejo director de cine llega su casa. Es domingo, así que no hay ningún criado; incluso, le ha dado el día libre a su mayordomo y al guardia de la puerta. No teme mucho por su vida ni por un posible asalto; en parte porque confía en su sistema de seguridad, en parte porque no le importa.
Nunca le tuvo miedo a la muerte, mucho menos lo haría ahora que su edad era avanzada y la amenaza de esta era cada vez más real. Recuerda una cita sobre la muerte siendo la siguiente gran aventura.
Suena el timbre.
Duda por un momento; si bien no siente miedo, está extrañado de que alguien lo busque a esa hora. Se dirige a la puerta mientras se pregunta quién podría ser; su hermana no está en la ciudad, las jóvenes amigas, a las que ama como a hijas, estarían más bien descansando para el siempre pesado lunes que se avecina, los criados estarían haciendo muy buen uso de su día de des...
Sus pensamientos se interrumpen abruptamente ante la persona que se presenta frente a él al abrir la puerta. A pesar de los cuarenta años en los que no la ha visto y que han caído sobre ella tanto como sobre él mismo, reconoce sin esfuerzo las mejías sobre las cuales solía pasar lentamente sus dedos, reconoce los ojos en los que se perdía, reconoce los labios que le sonreían en media luna. Ella lleva esa mirada que parece preocupada, que usa en situaciones sentimentales difíciles.
El silencio entre ambos es pesado y oscuro; parece impenetrable, pero él lo rompe.
-Hey.
-Hola.
Él piensa en tantas frases, pero todas le parecen muy cliché: "ha sido mucho tiempo", "no puedo creer que estés aquí", "¿cómo has estado?".
-Pasa.
La conduce al comedor iluminado por solo una lámpara de pie que crea una burbuja de luz amarilla alrededor de la mesa. Le ofrece un asiento y sale a la cocina.
Mientras el anfitrión se encuentra ausente, ella examina la gran casa. Reconoce la decoración art nouveau que a él siempre le gustó, aunque diluida con un toque de minimalismo. Ve el reloj de péndulo detrás del asiento que sería de él: son las diez y cincuenta y seis.
Regresa de la cocina con dos tazas de café y pone una frente a ella.
-Y, bueno, ¿cómo has estado?
-Bien... bien, ¿y tú?
-Cumplí mucho de lo que quería, estoy donde siempre quise estar.
Ella recuerda de lo mucho que él hablaba de su sueño y le sonríe. Él le devuelve la sonrisa de manera cortés. Entonces pareciera que poco a poco recuperan la confianza perdida, como si se estuvieran volviendo a conocer, hablan de cuarenta años de historia que han tenido cada uno por su cuenta. Incluso llegan a reír juntos otra vez.
-Asumo que viste la entrevista.
-Sí. Fue el impulso final que necesitaba para... venir.
Él le da el último sorbo a su café y pregunta:
-Y, ¿lo encontraste? ¿Encontraste a la persona con la que querías pasar toda tu vida?
-Sí, lo encontré.
-¡Genial!, ¿desde hace cuánto estás con él?
Ella vuelve a mirar el reloj y cuenta en voz baja.
-Quince minutos.
Ambas partes fueron creadas en mi cabeza en el mismo momento: cuando terminé con mi ex. Claro, primero pensé en una y después se me ocurrió seguirla con esta, por eso está dividido. De hecho, estaba pensando en publicar la segunda parte "cuando regresáramos" (no creo ser el único que piensa esto en los primeros días después de una ruptura).
Suena el timbre.
Duda por un momento; si bien no siente miedo, está extrañado de que alguien lo busque a esa hora. Se dirige a la puerta mientras se pregunta quién podría ser; su hermana no está en la ciudad, las jóvenes amigas, a las que ama como a hijas, estarían más bien descansando para el siempre pesado lunes que se avecina, los criados estarían haciendo muy buen uso de su día de des...
Sus pensamientos se interrumpen abruptamente ante la persona que se presenta frente a él al abrir la puerta. A pesar de los cuarenta años en los que no la ha visto y que han caído sobre ella tanto como sobre él mismo, reconoce sin esfuerzo las mejías sobre las cuales solía pasar lentamente sus dedos, reconoce los ojos en los que se perdía, reconoce los labios que le sonreían en media luna. Ella lleva esa mirada que parece preocupada, que usa en situaciones sentimentales difíciles.
El silencio entre ambos es pesado y oscuro; parece impenetrable, pero él lo rompe.
-Hey.
-Hola.
Él piensa en tantas frases, pero todas le parecen muy cliché: "ha sido mucho tiempo", "no puedo creer que estés aquí", "¿cómo has estado?".
-Pasa.
La conduce al comedor iluminado por solo una lámpara de pie que crea una burbuja de luz amarilla alrededor de la mesa. Le ofrece un asiento y sale a la cocina.
Mientras el anfitrión se encuentra ausente, ella examina la gran casa. Reconoce la decoración art nouveau que a él siempre le gustó, aunque diluida con un toque de minimalismo. Ve el reloj de péndulo detrás del asiento que sería de él: son las diez y cincuenta y seis.
Regresa de la cocina con dos tazas de café y pone una frente a ella.
-Y, bueno, ¿cómo has estado?
-Bien... bien, ¿y tú?
-Cumplí mucho de lo que quería, estoy donde siempre quise estar.
Ella recuerda de lo mucho que él hablaba de su sueño y le sonríe. Él le devuelve la sonrisa de manera cortés. Entonces pareciera que poco a poco recuperan la confianza perdida, como si se estuvieran volviendo a conocer, hablan de cuarenta años de historia que han tenido cada uno por su cuenta. Incluso llegan a reír juntos otra vez.
-Asumo que viste la entrevista.
-Sí. Fue el impulso final que necesitaba para... venir.
Él le da el último sorbo a su café y pregunta:
-Y, ¿lo encontraste? ¿Encontraste a la persona con la que querías pasar toda tu vida?
-Sí, lo encontré.
-¡Genial!, ¿desde hace cuánto estás con él?
Ella vuelve a mirar el reloj y cuenta en voz baja.
-Quince minutos.
***
Nota del autor: No hablo directamente de mi vida personal en mi blog, pero creo que esto amerita una pequeña explicación. Esta historia tiene una primera parte.
Ambas partes fueron creadas en mi cabeza en el mismo momento: cuando terminé con mi ex. Claro, primero pensé en una y después se me ocurrió seguirla con esta, por eso está dividido. De hecho, estaba pensando en publicar la segunda parte "cuando regresáramos" (no creo ser el único que piensa esto en los primeros días después de una ruptura).
Sin embargo, con el tiempo superé este episodio y ya ni pensaba ni tenía ganas de regresar con ella. Pero esta segunda parte aún estaba en mi cabeza, la historia estaba aquí incompleta. Mucho tiempo no quise escribirla y publicarla porque pensaba "pucha, la gente va a creer que todavía no la supero, que espero regresar con ella y nada que ver". Básicamente, no la escribí por miedo a lo que fueran a pensar de mí, pero siempre quise hacerlo, porque es una historia que me parece me ha salido bien, está bien escrita y me daba pena dejarla incompleta. También corriendo el riesgo de que me pudiera olvidar en algún momento de esta segunda parte.
Así que hoy finalmente decidí hacerlo, por amor a la historia y a mí mismo. Y porque creo que esta es una de las características más importantes del arte: tomar algo triste y convertirlo en algo bueno. En este caso, en un cuento. Espero que lo hayan disfrutado.
PD: perdonen la falta de modestia al haberme imaginado como un gran director de cine hahahaha.
5.31.2014
Apocalypse girl
Ella señaló a la super modelo de la revista que estaban viendo.
-¿Preferirías tenerla a ella?
Él la mira con una sonrisa antes de responder.
-No.
-¿Por qué?
-Porque después de ti no hay más.
Ella le devuelve la sonrisa.
-Después de ti no hay más ternura; más allá de tus ojos me pierdo. Eres el fin del mundo para todas las demás chicas.
Y se perdió otra vez.
-¿Preferirías tenerla a ella?
Él la mira con una sonrisa antes de responder.
-No.
-¿Por qué?
-Porque después de ti no hay más.
Ella le devuelve la sonrisa.
-Después de ti no hay más ternura; más allá de tus ojos me pierdo. Eres el fin del mundo para todas las demás chicas.
Y se perdió otra vez.
3.03.2014
Sometimes I see people as colors
A veces creo que puedo volar
y me rompo los tobillos
A veces creo que todo es mío
y hablo de más.
y me rompo los tobillos
A veces creo que todo es mío
y hablo de más.
2.16.2014
Hope
Te levantas a las 8 am. Sobas tus ojos con el antebrazo y te diriges lentamente hacia la cocina para desayunar. Ahí te espera tu madre, mucho más despierta que tú, viendo las noticias.
Ah, están cubriendo lo que sucede en Venezuela. Toda la historia te deprime y te llena de impotencia; nunca has ido siquiera a ese país, pero la injusticia te llena de rabia, y, aunque sea una pequeña parte de ti, siente que ellos son tus hermanos latinoamericanos.
Tomas asiento en silencio, sirves leche en tu taza y la mezclas con café y azúcar. Diriges tu mirada hacia el televisor, esperando que la situación cambie para mejor esta mañana.
Hay una corresponsal peruana transmitiendo en vivo desde allá. La señal se corta de vez en cuando, pero nada insoportable. La cámara parece estar en el techo de un edificio, muestra una calle con estudiantes marchando. La reportera no aparece en el encuadre, solo escuchas su voz.
-Podemos ver en estos momentos a los estudiantes marchando pacíficamente por una de las calles principales de Caracas. Como se aprecia, ninguno de ellos porta armas de ningún tipo -su voz se oye cansada, y tiene que elevarla por el viento-, están marchando por sus legítimos derechos, en contra del ilegítimo gobierno que ahora los oprime. Ahora... ahora se acerca un escuadrón de policías hacia los protestantes. Los jóvenes no huyen, se plantan en donde están y parecen estar reclamando a los policías. Estos últimos no responden... comienzan a sacar sus armas, ¿van a disparar al aire? -en este punto ya está hablando más para sí misma que para los televidentes- ¡están disparando a los estudiantes completamente desarmados! ¡Julián poncha bien eso! Los protestantes se dispersan, al parecer algunos han sido heridos, pero no hay caídos, gracias a Dios. La calle ahora está ocupada solo por los policías que han roto la formación y corren para atrapar a los estudiantes... ¡Mira! Uno de los estudiantes está regresando, tiene el rostro cubierto con una máscara blanca y camina tranquilamente hacia las fuerzas de la ley. -bajas la taza de tu boca, te enderezas en el asiento, acercas el rostro en dirección al televisor- ¿Qué va a hacer? Dos policías corren hacia él para capturarlo pero... ¿qué? No pueden acercarse a él, como si hubiera un muro interponiéndose. Ahora todos los policías se han detenido y lo miran. Él... sigue caminando. Le gritan que se detenga bajo amenaza de ser disparado... oh, Dios, van a dispararle... ¡van a... el... ¡el joven sigue caminando a pesar de la ráfaga de balas que acaba de caer sobre él! Imposible que ninguno le haya dado... Los policías parecen confundidos, mirándose entre sí, pierden el control y disparan sin haber recibido otra orden de hacerlo. ¿Puedes hacer zoom en él? Esto es insólito... las balas caen frente a él como si hubieran rebotado... Finalmente se detiene y extiende una mano... ¡mierda, Julián, poncha eso, poncha eso! ¡Uno de los oficiales está suspendido en el aire como si una cuerda invisible lo levantara del cuello! Algunos policías disparan y otros se lanzan contra el sujeto pero es como si un muro invisible lo rodeara... ahora huyen... Mira, uno de los protestantes ha regresado y parece querer hablar con el joven que fue primero. Este lo escucha y... a penas baja el brazo, el policía cae al piso, se soba el cuello y huye del lugar. Ambos protestantes mantienen una conversación tranquila, parece que el segundo quiere que el primero lo siga. Y... se están yendo juntos. Desde nuestra posición no podemos seguirlos, estudio, pero intentaremos alcanzarlos. Por acá...
La comunicación se corta. La periodista en el estudio tiene la misma cara de asombro que probablemente tengas tú en este momento.
-Impresionantes imágenes que acabamos de ver de lo que está sucediendo en Venezuela -se detiene confundida-. Sinceramente, no tenemos idea de quién era el personaje que caminó hacia los policías ni cómo logró... hacer eso... Esperaremos más información de nuestra corresponsal Silvia y los mantendremos informados.
Tus ojos desbordan de incredulidad, pero una gran sonrisa se ha formado en tus labios. Te miras con tu madre, ella te devuelve la sonrisa. No hay mucho que decir, excepto...
-Creo que hay esperanza.
Asientes.
Ah, están cubriendo lo que sucede en Venezuela. Toda la historia te deprime y te llena de impotencia; nunca has ido siquiera a ese país, pero la injusticia te llena de rabia, y, aunque sea una pequeña parte de ti, siente que ellos son tus hermanos latinoamericanos.
Tomas asiento en silencio, sirves leche en tu taza y la mezclas con café y azúcar. Diriges tu mirada hacia el televisor, esperando que la situación cambie para mejor esta mañana.
Hay una corresponsal peruana transmitiendo en vivo desde allá. La señal se corta de vez en cuando, pero nada insoportable. La cámara parece estar en el techo de un edificio, muestra una calle con estudiantes marchando. La reportera no aparece en el encuadre, solo escuchas su voz.
-Podemos ver en estos momentos a los estudiantes marchando pacíficamente por una de las calles principales de Caracas. Como se aprecia, ninguno de ellos porta armas de ningún tipo -su voz se oye cansada, y tiene que elevarla por el viento-, están marchando por sus legítimos derechos, en contra del ilegítimo gobierno que ahora los oprime. Ahora... ahora se acerca un escuadrón de policías hacia los protestantes. Los jóvenes no huyen, se plantan en donde están y parecen estar reclamando a los policías. Estos últimos no responden... comienzan a sacar sus armas, ¿van a disparar al aire? -en este punto ya está hablando más para sí misma que para los televidentes- ¡están disparando a los estudiantes completamente desarmados! ¡Julián poncha bien eso! Los protestantes se dispersan, al parecer algunos han sido heridos, pero no hay caídos, gracias a Dios. La calle ahora está ocupada solo por los policías que han roto la formación y corren para atrapar a los estudiantes... ¡Mira! Uno de los estudiantes está regresando, tiene el rostro cubierto con una máscara blanca y camina tranquilamente hacia las fuerzas de la ley. -bajas la taza de tu boca, te enderezas en el asiento, acercas el rostro en dirección al televisor- ¿Qué va a hacer? Dos policías corren hacia él para capturarlo pero... ¿qué? No pueden acercarse a él, como si hubiera un muro interponiéndose. Ahora todos los policías se han detenido y lo miran. Él... sigue caminando. Le gritan que se detenga bajo amenaza de ser disparado... oh, Dios, van a dispararle... ¡van a... el... ¡el joven sigue caminando a pesar de la ráfaga de balas que acaba de caer sobre él! Imposible que ninguno le haya dado... Los policías parecen confundidos, mirándose entre sí, pierden el control y disparan sin haber recibido otra orden de hacerlo. ¿Puedes hacer zoom en él? Esto es insólito... las balas caen frente a él como si hubieran rebotado... Finalmente se detiene y extiende una mano... ¡mierda, Julián, poncha eso, poncha eso! ¡Uno de los oficiales está suspendido en el aire como si una cuerda invisible lo levantara del cuello! Algunos policías disparan y otros se lanzan contra el sujeto pero es como si un muro invisible lo rodeara... ahora huyen... Mira, uno de los protestantes ha regresado y parece querer hablar con el joven que fue primero. Este lo escucha y... a penas baja el brazo, el policía cae al piso, se soba el cuello y huye del lugar. Ambos protestantes mantienen una conversación tranquila, parece que el segundo quiere que el primero lo siga. Y... se están yendo juntos. Desde nuestra posición no podemos seguirlos, estudio, pero intentaremos alcanzarlos. Por acá...
La comunicación se corta. La periodista en el estudio tiene la misma cara de asombro que probablemente tengas tú en este momento.
-Impresionantes imágenes que acabamos de ver de lo que está sucediendo en Venezuela -se detiene confundida-. Sinceramente, no tenemos idea de quién era el personaje que caminó hacia los policías ni cómo logró... hacer eso... Esperaremos más información de nuestra corresponsal Silvia y los mantendremos informados.
Tus ojos desbordan de incredulidad, pero una gran sonrisa se ha formado en tus labios. Te miras con tu madre, ella te devuelve la sonrisa. No hay mucho que decir, excepto...
-Creo que hay esperanza.
Asientes.
***
Vaz es conducido por el estudiante que fue a alcanzarlo en la calle hacia el grupo de protestantes. Ninguno sabe muy bien qué decir, pero logran lanzar la primera pregunta.
-¿Quién eres?
Él se quita la máscara y sonríe.
-Vaz, me llamo Vaz.
-Bueno, Vaz -un hombre se abre paso entre la multitud de estudiantes. Lo reconoce de las noticias, es Leopoldo López, líder de la oposición venezolana-, si has venido hasta aquí por voluntad propia, asumo que deseas ayudarnos.
Vaz asiente.
-Respeto y admiro su causa, y quiero hacer algo bueno con mi... -mira sus manos- habilidad, o lo que sea.
Leopoldo le sonríe también.
-¡Disculpen! -un grito a la distancia los distrae, son Silvia y Julián, con cámara en mano, que se acercan corriendo. Al llegar, se apoyan en sus rodillas a recuperar el aliento.
-Somos... de América Noticias... de Perú... -finalmente, la reportera se incorpora- Transmitimos todo lo que hiciste allá, fue... increíble. ¿Crees que puedas concedernos una entrevista?
Vaz parece preocuparse un poco.
-Claro... supongo que está bien, pero la daré con la máscara puesta.
-No hay problema.
La reportera y el camarógrafo se sonríen.
1.28.2014
I hate the moon
-Odio la luna.
-¿Y eso? ¿Por qué?
-¿Ves cómo cada cierto tiempo llega a la fase en la que pareciera que sonríe? A muchos les gusta eso, "la luna está sonriente" dicen, incluso les parece romántico... No se dan cuenta de que no nos está sonriendo, se está burlando de nosotros. Imagínale dos ojos a esa sonrisa, ¿se ve amistosa? No, se ve completamente siniestra. Se burla de nosotros porque ella está allá arriba y nosotros abajo, porque controla nuestros mares, porque muchos de nosotros la admiramos y le damos significados que no posee en realidad. Le da risa que seres insignificantes como nosotros la adoremos.
-Te fuiste en floro...
La mira, sonríe confiado.
-Un día me voy a vengar de ella. Tú tranquila, todo va a estar bien.
-¿Y eso? ¿Por qué?
-¿Ves cómo cada cierto tiempo llega a la fase en la que pareciera que sonríe? A muchos les gusta eso, "la luna está sonriente" dicen, incluso les parece romántico... No se dan cuenta de que no nos está sonriendo, se está burlando de nosotros. Imagínale dos ojos a esa sonrisa, ¿se ve amistosa? No, se ve completamente siniestra. Se burla de nosotros porque ella está allá arriba y nosotros abajo, porque controla nuestros mares, porque muchos de nosotros la admiramos y le damos significados que no posee en realidad. Le da risa que seres insignificantes como nosotros la adoremos.
-Te fuiste en floro...
La mira, sonríe confiado.
-Un día me voy a vengar de ella. Tú tranquila, todo va a estar bien.
1.07.2014
Elefantes
TODO ESTABA BIEN.
O al menos en control. Bajo control. Bajo SU control.
Y entonces sucedió lo que sucede en todas las arquetípicas historias de amor: apareció ella.
Con sus lentes de sol, su ropa independiente, su glorioso gusto musical, su risa ruidosa, su fino vocabulario. ¿Quién se creía que era para tumbarlo de su equilibrio de esa forma? Era completamente diferente a todas las anteriores, pero por ninguna había caído tanto ni tan inexplicablemente. Todo estaba irremediablemente alborotado, y bastaba ver su nombre para que los pensamientos se enreden y el pecho tamborilee.
Ya nada parecía estar bajo su control. Había perdido las riendas, el timón. Era un escenario terrible, ¡nefasto! Pero al mismo tiempo... no quería huir de él. Se sentía tan cómodamente vulnerable.
Por primera vez en mucho tiempo, algo... alguien le importaba. Demasiado.
O al menos en control. Bajo control. Bajo SU control.
Y entonces sucedió lo que sucede en todas las arquetípicas historias de amor: apareció ella.
Con sus lentes de sol, su ropa independiente, su glorioso gusto musical, su risa ruidosa, su fino vocabulario. ¿Quién se creía que era para tumbarlo de su equilibrio de esa forma? Era completamente diferente a todas las anteriores, pero por ninguna había caído tanto ni tan inexplicablemente. Todo estaba irremediablemente alborotado, y bastaba ver su nombre para que los pensamientos se enreden y el pecho tamborilee.
Ya nada parecía estar bajo su control. Había perdido las riendas, el timón. Era un escenario terrible, ¡nefasto! Pero al mismo tiempo... no quería huir de él. Se sentía tan cómodamente vulnerable.
Por primera vez en mucho tiempo, algo... alguien le importaba. Demasiado.
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